Un cachorro llega a casa: cómo hacer las presentaciones cuando ya hay un perro adulto

Un cachorro llega a casa: cómo hacer las presentaciones cuando ya hay un perro adulto

A veces el amor perruno se multiplica y llega el momento de sumar a un nuevo miembro de cuatro patas a la familia. Un cachorro puede ser un gran estímulo para el perro adulto pero también un ‘elemento invasor’ para quien ha disfrutado del amor humano en exclusiva y sin competencia durante una temporada. Por eso es muy importante conocer cómo acoger a cachorro sin que el perro mayor sienta que pierde su espacio ni el cariño de sus cuidadores.

Antes de introducirnos en la dinámica de las presentaciones entre ambos perros es fundamental tener en cuenta que hay que preparar la casa para la convivencia antes de que llegue el cachorrillo. Por un lado, preparar una zona específica para el nuevo can con sus propios accesorios. Cada perro debe contar con su propio espacio de descanso para que puedan aislarse el uno del otro si así lo desean, tener sus respectivos recipientes para comer y beber y estar al día en sus vacunas.

Hay que evitar a toda costa alterar los hábitos que ya ha adquirido el perro adulto y que el cachorro no coja sus cosas, ya que esto podría provocar un comportamiento territorial por parte del mayor aunque hasta la fecha no haya manifestado un carácter agresivo.

¿Qué pasos se deben dar en la introducción del cachorro? Siempre que el cachorro ya haya iniciado el calendario de vacunación y pueda salir al exterior es preferible buscar un terreno neutral para que hagan la primera toma de contacto. Por un lado, nos va a proporcionar el ambiente idóneo para que se distraigan y al estar fuera de casa conseguiremos que el perro que ya vive con nosotros se olvide de ‘marcar territorio’ y no esté pendiente de que invadan lo que considera su espacio.

No vendría mal que contáramos con la ayuda de otra persona y se recomienda que los dos perros lleven la correa colocada por si hubiera que separarlos o corregir alguna actitud negativa. Dejaremos que se vean pero que todavía no se acerquen. A continuación, iniciaremos la marcha juntos aunque separados a una distancia de dos metros, de esta manera pueden llegar a olerse sin estar en contacto estrecho.

Si todo va bien y los perros se encuentran a gusto podemos pasar a la fase de acercamiento. Lo importante es no apresurarse y saltar a la siguiente etapa solo cuando estemos convencidos de que ambos perros están preparados. Si estos primeros paseos juntos han ido bien podemos proceder a un acercamiento de las mascotas, bien utilizando correas largas para que puedan aproximarse o, si están muy tranquilos, dejándoles sueltos. Una vez más, volveremos a hacerlo en espacios abiertos y, en esta ocasión, podemos dejar que se olfateen o jueguen juntos durante unos minutos.

Lo ideal es que esta aproximación se realice con la menor interferencia posible por parte de los humanos aunque debemos estar pendientes por si la situación se tensa y los perros se pelean. En ese caso, intentemos llamar su atención y separarlos con suavidad.

Otra regla fundamental a seguir es la de mantener la calma durante el proceso. Si el perro percibe que estamos tensos o estresados, tenderá a estresarse también, ya que tiene en cuenta las emociones del humano para entender cómo debe reaccionar él mismo a la situación.

Y por fin llegó el momento de que el cachorro conozca su hogar. Si es posible, dejemos que los dos canes se saluden en la entrada, patio, puerta del edificio o jardín de la casa. Una vez que se cruce el umbral habrá que estar muy atento a sus reacciones: el recién llegado tendrá una actitud muy curiosa y lo olisqueará todo; mientras el veterano se mantendrá alerta y vigilando las reacciones del “invasor”.

Un buen sistema puede ser dejar que el perro veterano entre primero y sin correa, y que el nuevo lo haga con la correa puesta y visitando habitación por habitación; a la vez que se le enseña dónde están sus cosas. En cualquier caso, habrá que acompañarles en todo momento y lo ideal es que las interacciones entre ellos sean cortas.

Si se produjese alguna situación de tensión, lo mejor es parar y volver a intentarlo más tarde o al día siguiente (nunca hay que presionarles para que se acepten). En este caso, se deberá limitar el espacio del cachorro para posteriormente ampliarlo de forma progresiva a medida que el perro adulto se acostumbre. Si, por el contrario ambos perros parecen cómodos juntos, podemos dejarlos sueltos pero no solos.

¿Y qué haremos durante las primeras semanas? Durante los primeros días si tenemos que ausentarnos de casa en determinados momentos, se recomienda que los perros estén en espacios separados para evitar peleas o comportamientos negativos. Una vez en casa, volvamos a juntarlos para que se sigan acostumbrando a la presencia del otro y siempre bajo nuestra supervisión. También resulta fundamental enseñarle al nuevo perro las costumbres de la casa y los horarios del primero para que empiece a respetarlos.

Es importante estar atentos también al lenguaje corporal de los canes para determinar cómo reaccionan el uno con el otro. Si el cachorro es joven, quizás no entienda muy bien el lenguaje corporal del perro adulto. Por ejemplo, el perrito seguramente tendrá ganas de jugar con el perro adulto aunque este muestre signos de incomodidad. Algunas señales de alerta son: pelo del cuello y la espalda levantado, miradas prolongadas, gruñidos y rugidos, enseñar los dientes y espalda encorvada.

¿Cuándo sabremos que la convivencia pacífica se ha convertido en un hecho? Cuando el perro veterano deje de estar pendiente de lo que hace el nuevo, no le siga en todo momento y le permita hacer, sencillamente, su vida nos estará diciendo de una forma indirecta que acepta su presencia. En general se recomienda paciencia, el proceso de adaptación suele ser sencillo, instintivo y natural pero depende también de los caracteres de ambos animales y de las circunstancias en las que llegue el nuevo perro.

Artículos Relacionados