Síndrome de dehiscencia: cuando tus globos oculares se vuelven audibles

Síndrome de dehiscencia: cuando tus globos oculares se vuelven audibles

Las personas con el síndrome de dehiscencia describen sus síntomas como si vivieran en un cuento de Edgar Allan Poe. Quienes padecen esta condición declaran escuchar el sonido de sus globos oculares al moverse en el interior de sus órbitas. También su circulación sanguínea. Pueden incluso sentir los movimientos de sus huesos al masticar y el latido de su corazón.

Estamos ante una condición rara del oído medio que afecta al 1 o 2 % de la población. El origen estaría en un desarrollo incompleto de los huesos de la cabeza. Al no alcanzar su grosor normal, la cavidad craneal es más frágil y también más susceptible a la erosión. Esto puede generar más de un problema y entre ellos está la aparición de una brecha en el hueso temporal que deriva en estas alteraciones.

Los pacientes pueden tener una vida normal hasta que, en un momento dado, cumplidos los 40 o los 50 años, empiezan a escuchar sonidos internos inexplicables. Son tan extraños que muchos lo describen como si un papel de lija les rozara cada vez que mueven los ojos. La singularidad de esta realidad médica es tan elevada que, al principio, no se descartan problemas mentales.

Sin embargo, tras la realización de una tomografía computarizada queda en evidencia la auténtica realidad. Así, aunque este síndrome es realmente raro, cabe señalar que hay tratamiento y que se puede recuperar la calidad de vida. Lo analizamos.

Muchas personas evidencian el síndrome de dehiscencia del canal superior tras sufrir un traumatismo craneoencefálico.

Cerebro que evidencia síndrome de dehiscencia
Las personas con síndrome de dehiscencia también padecen problemas de equilibrio.

Síndrome de dehiscencia: características, origen y tratamiento

El síndrome de dehiscencia del canal semicircular es una enfermedad otorrinolaringológica poco común, pero con una sintomatología muy limitante. Asimismo, y desde un punto de vista psicológico, también resulta abrumadora por muchos aspectos. Una investigación de la Universidad de Umeå, en Suecia, describe el gran impacto que tiene a nivel emocional y social.

Este trabajo incide en el hecho de que estamos ante la clásica condición invisible, una enfermedad rara más de la que no se habla, pero que condiciona por completo la existencia de quien lo sufre.

Escuchar los sonidos orgánicos del propio cuerpo es una experiencia para la que nadie está preparado. Además, se tarda mucho en dar con el diagnóstico y es frecuente confundirlo con otras condiciones; incluso la esquizofrenia. Conozcamos más datos.

¿Cómo se manifiesta?

El síndrome de dehiscencia fue descrito por primera vez por el doctor Lloyd B. Minorde, de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore en 1998. Hasta ese momento en que por fin se acuñó el término y se comprendió el origen, decenas de personas lidiaron en soledad (y desesperación) con un problema médico que nadie entendía. Más aún, que tenía tintes tan estrambóticos como incomprensibles.

La sintomatología es la siguiente.

  • Autofonía. Es decir, los pacientes perciben los sonidos del propio cuerpo, en especial los referentes a toda al área craneal. Es especialmente llamativo que puedan escuchar los movimientos de los globos oculares y como la circulación sanguínea llega hasta ellos. El simple acto de masticar, resulta algo casi insufrible.
  • Los mareos son constantes.
  • Hay sonidos que provocan el desequilibrio y hasta la desorientación.
  • La hiperacusia es la característica más limitante: cualquier ruido, tanto externo como interno, genera bloqueo y turbación.
  • Aparecen tinnitus o acúfenos. Es decir, un fenómeno perceptivo en el que se escuchan pitidos o latidos en el oído sin que exista un origen externo.
  • Las migrañas son frecuentes.
  • Respecto a la sintomatología psicológica, siempre es la misma:niebla mental, problemas de concentración, ansiedad, fatiga mental, etc.

El desgaste mental por el síndrome de dehiscencia es muy común en los pacientes. Muchos piensan que están perdiendo la razón, no es fácil obtener un diagnóstico claro y tampoco un tratamiento adecuado. Solo la intervención quirúrgica puede aportar alivio.

¿Cuál es el origen del síndrome de dehiscencia?

Las personas con este síndrome presentan un pequeño orificio en el hueso que cubre parte del oído interno. El origen está en un desarrollo anormal de las paredes craneales: son menos densas. Con lo cual, hace que sean más frágiles y susceptibles a roturas que pueden aparecer con los años. A veces, un golpe en la cabeza da como resultado una brecha en el hueso temporal y, de ahí, el problema.

De este modo, y al carecer de alguna parte del hueso (a veces insignificante) que protege el canal semicircular superior del oído interno, aparecen todas las alteraciones ya señaladas.

Es común que esta condición, aún teniendo su origen en los meses posteriores al nacimiento, se manifieste ya sobre los 40 años. Los más tempranos son los mareos, la sensibilidad al sonido y más tarde la clásica autofonía, es decir, escuchar los sonidos del interior del cráneo.

Mujer tapándose los oídos debido al síndrome de dehiscencia
El síndrome de dehiscencia del canal semicircular superior aparece sobre los 40 años, y se tarda bastante en obtener un diagnóstico.

¿Tiene tratamiento?

El tratamiento del síndrome de dehiscencia consiste en la restauración de la parte del hueso afectado. A veces, basta con tapar un agujero que resulta ser del tamaño de un alfiler en el hueso que cubre el canal superior semicircular del oído afectado. Si nos preguntamos con qué materia se cubre esos vacíos, es interesante saber que se aplican pequeñas astillas de hueso extraídas del propio paciente.

El taponamiento de esos canales siempre es exitoso y se recupera la calidad de vida por completo. El problema existente en esta enfermedad otorrinolaringológica es que es poco conocida. Tanto, que es frecuente que se confunda con otras condiciones y que muchas personas necesiten incluso terapia psicológica por el agotamiento de unos síntomas demasiado intensos y turbadores.

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