Ser forzados a socializar tiene un coste para nuestra salud

Ser forzados a socializar tiene un coste para nuestra salud

A todos nos ha pasado alguna vez. No importa que seamos extrovertidos o más bien introvertidos: ser forzados a socializar en un momento dado resulta agotador y estresante. Si bien es cierto que a menudo se insiste en que el ser humano es una criatura social que disfruta de la conexión, esta experiencia gratificante no es una constante.

La clave del bienestar está en elegir qué nos apetece en cada momento. Sin embargo, como bien sabemos, no todo en esta vida responde a nuestras elecciones Formar parte del tejido de una sociedad implica tener que seguir determinados mandatos. Relacionarnos, acudir a eventos, tener que socializar en más de un escenario es algo recurrente en nuestro día a día.

Esto que sin duda todos entendemos y vemos como normal es ahora mismo un desafío para muchas personas; en especial para los jóvenes. La ansiedad social es un fenómeno en alza en este sector poblacional. La exposición a situaciones cotidianas, como ir a una entrevista de trabajo, a una reunión o a cualquier otra situación con más gente, se vive de manera amenazante.

chica simbolizado el efecto de ser forzados a socializar
Sentir que estamos en compañía de personas con las que no nos apetece compartir tiempo, espacio y conversación, se vive de manera amenazante para el cerebro.

Ser forzados a socializar fomenta la infelicidad

Hay un cliché que se afirma con frecuencia y que debemos reconsiderar. Es ese que afirma que a la personalidad más extrovertida siempre le viene bien socializar. Mientras, el introvertido optará por la soledad. Ahora bien, lo cierto es que todos tenemos momentos en que nos apetece pasar tiempo solos y otros en que necesitamos pasar tiempo con gente. 

Casi nadie opta de manera exclusiva por la soledad o la socialización constantes. El cerebro no lo resistiría. Como tampoco maneja bien el ser forzados a socializar cuando no nos apetece. Esas situaciones de inmersión forzada en los ámbitos públicos se viven a menudo como una amenaza. Tener la opción para elegir qué se quiere en cada momento es un factor de bienestar psicológico.

Una de las claves de felicidad en el ser humano está en su capacidad de poder elegir lo que se desea en cada instante, sin presiones externas. Sin embargo, esto es algo que no siempre podemos llevar a cabo.

La soledad no elegida y la compañía forzada son igual de negativas

Entendemos la soledad autodeterminada como ese tiempo de exclusividad para uno mismo que elegimos cuando nos apetece. Estar solos en un momento dado porque así lo queremos y necesitamos contribuye al bienestar psicológico. En cambio, ser forzados a socializar es una experiencia que se vive con ansiedad, presión y malestar.

Esto mismo es lo que nos explica un estudio muy reciente realizado en la Universidad Bar-Ilan, de Israel. De hecho, ha podido verse algo llamativo que debería tenerse en cuenta.

Tener que estar con otras personas de manera forzada (socializar) es igual de angustiante que la soledad no elegida. El poder elegir en cada momento si nos apetece acudir a un compromiso social, o si necesitamos estar solos, media muchísimo en nuestro equilibro mental. Tener que comunicarnos sin ganas, forzar estados emocionales positivos, ponernos nuestras máscaras para caer bien, parecer amistosos y carismáticos son procesos estresantes.

La ansiedad social, un fenómeno creciente

Es importante aclarar que todos hemos experimentado esta realidad y que es un hecho común y recurrente. Ser forzados a socializar es una dinámica con un coste mental para todos nosotros. Sin embargo, aún lo es más para las personas con ansiedad social. Porque si bien es cierto que ahora mismo la soledad es una epidemia que no estamos atendiendo como deberíamos, también lo es la fobia social.

Ir a clase, al trabajo, tener que resolver en persona asuntos burocráticos, acudir a eventos, conferencias, reuniones… Las personas con este tipo de trastorno de ansiedad han aumentado en los últimos años. Trabajos de investigación como los realizados en la Universidad de Dalhousie, en Canadá, destacan este hecho.

La ansiedad social es un fenómeno en auge que afecta de manera sobredimensionada a nuestros jóvenes; en especial entre la cohorte de edad de 16 a 29 años. El miedo a la devaluación, a la crítica y esa dependencia a la tecnología que tiende a aislar a la persona de su realidad cercana serían los principales factores.

figura simbolizado el efecto de ser forzados a socializar
El número de jóvenes con fobia social y miedo a la crítica está en aumento.

Ser forzados a socializar causa malestar, ¿qué podemos hacer?

Estar solos cuando deseamos compañía, duele. Ser forzados a socializar cuando no queremos o nos apetece, estresa. Ambas dimensiones son igual de adversas y por ello, es necesario trabajar en ellas, manejarlas.

Hacerlo revertirá de manera directa en nuestra salud mental, en especial la relativa a la soledad. No es bueno estar solos, como tampoco no contar con un instante para nosotros mismos.

Por otro lado, es importante también entender que, como criaturas sociales, estamos obligados a relacionarnos sin ganas por muy diversas razones. Variables laborales, personales e incluso familiares nos instan a ello. ¿Qué hacer entonces en estas circunstancias? Podemos, por ejemplo, reflexionar en algunos aspectos:

  • Procuremos ser nosotros mismos en esas situaciones. Si nos forzamos en exceso, si decimos o expresamos cosas que no sentimos o pensamos, el agotamiento psicológico será mayor.
  • Mentalicémonos de que ese evento tiene un principio y un final. Programemos algo placentero al terminar esa situación de socialización forzada.
  • Démosle un sentido y una justificación a ese evento –> Tengo que ir a esa cena de empresa porque es bueno para hacer equipo, tengo que ir a esa fiesta de cumpleaños porque aunque no me agraden las fiestas quiero a esa persona que celebra su aniversario.
  • Intentemos focalizarnos en aspectos positivos de esas situaciones, por pequeños que sean. Una actitud abierta y positiva siempre sacará mayor beneficio de toda situación.

Por último, y no menos importante, en caso de que el acto de socializar nos genere una elevada ansiedad, es recomendable solicitar ayuda especializada. Nadie puede vivir en una situación de aislamiento permanente.

Vivir implica socializar y saber movernos por escenarios complejos y hasta forzados. Todos podemos aprender estrategias para afrontar estas realidades.

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