Según un estudio, vivir en otros países clarifica el autoconcepto

Según un estudio, vivir en otros países clarifica el autoconcepto

Vivir en otros países clarifica el autoconcepto, fortalece la identidad y ofrece una visión más clara de quiénes somos y cuáles son nuestros valores. El dato puede parecer algo trascendental, pero es la conclusión a la que ha llegado un estudio científico. Aunque, quienes han vivido ya la experiencia de trasladar su corazón, alma y cuerpo a otras ciudades y continentes, darán veracidad a esta conclusión.

Lo cierto es que si hay una realidad transformadora y desafiante, es la de adaptarse a otros escenarios alejados de lo familiar. Poner kilómetros y hasta un océano de distancia respecto a lo que nos es conocido supone un gran impacto psicológico. Es un choque para la personalidad y un inusitado estrés al enfrentarnos a lo desconocido.

A veces, ni tan solo hace falta renovar nuestro pasaporte o pedir un permiso de residencia para experimentar estas vivencias. Basta con irse a un país vecino durante un tiempo determinado. Siempre hay algo que cambia en nosotros, algo que nos reestructura por dentro y que nos permite ver las cosas (y a nosotros mismos) de otro modo. Y ahí está el beneficio.

“Viajar es descubrir que todos están equivocados acerca de otros países”.

-Aldous Huxley-

Chico caminando entre montañas pensando que vivir en otros países clarifica el autoconcepto
Vivir lejos de lo que nos es conocido nos permite reencontrarnos con nosotros mismos.

¿Por qué razón vivir en otros países clarifica el autoconcepto?

Según un trabajo de investigación del psicólogo Joseph A. Bailey, la autoestima del ser humano se sustenta en tres pilares básicos: la autoimagen, el autoconcepto y la autoidentidad. El problema de estas dimensiones tan trascendentes es que se construyen normalmente partiendo de cómo creemos que nos ven los demás.

Aquí, la teoría del yo del espejo de Charles Cooley (1902) tiene una gran relevancia. Porque nos recuerda que buena parte de la percepción que tenemos de nosotros mismos (lo que vemos en nuestros reflejos) parte del exterior, de nuestras interacciones sociales. Factores como nuestra educación o nuestro entorno social cotidiano van perfilando nuestro “yo” poco a poco y día a día.

Como bien podemos deducir, muchas veces desarrollamos una autopercepción bastante frágil. Es más, pocas veces llegamos a conocernos verdaderamente cuando filtramos quiénes somos partiendo, en exclusiva, de los refuerzos ajenos. Por ello, resulta tan interesante romper en algún momento ese cordón umbilical que nos une a lo familiar, a lo previsible y cotidiano.

Viajar es un acto revulsivo que puede cambiarnos de muchas maneras. Aún más, tal y como nos explica la ciencia, vivir en otros países clarifica el autoconcepto. Y esto último es lo que más necesitamos en ciertos momentos de nuestro ciclo vital.

Pasar etapas en otros países favorece que llevemos a cabo reflexiones autocríticas sobre nosotros mismos.

Lejos de casa, pero más cerca de ti

Hay momentos en que es necesario poner distancia de todo lo que nos es conocido para reencontrarnos. La fórmula resulta extraña, pero lo cierto es que casi nunca falla. Bien es cierto que como seres humanos albergamos aún ese pequeño vestigio nómada de nuestros antepasados, es decir, nos vemos en la obligación a veces de desplazarnos para ganarnos la vida, evolucionar y crecer.

Sin embargo, hacerlo siempre cuesta y hasta resulta doloroso. Los choques idiomáticos, sociales y hasta culturales son complejos. Hay quien se adapta rápido y están los que les pesan la añoranza, la familia y hasta la versión de ellos mismos en sus zonas de confort. Ahora bien, hay algo de lo que se toma plena conciencia: cuando estamos lejos de casa, nos sentimos más cerca de nosotros mismos.

Ha sido un equipo de científicos de la Universidad Rice, la Universidad de Columbia y la Universidad de Carolina del Norte quienes han profundizado en este tipo de vivencias psicológicas en un estudio. Algo que han descubierto es que vivir en otros países clarifica el autoconcepto. Nos empuja a realizar un ejercicio de autocrítica y a romper con muchas ideas preconcebidas para tomar conciencia de nuestras fortalezas y debilidades.

El filósofo alemán Hermann von Keyserling escribió que quien busque el camino más corto hacia uno mismo, debe dar la vuelta al mundo. 

chica feliz de vivir en otros países
Pasar unos meses o años en otros países nos permite tener una mejor comprensión de nosotros mismos.

Vivir en otros países, una experiencia necesaria

Dejamos nuestros hogares para aprender idiomas, estudiar y para ganarnos la vida. A veces lo hacemos por placer y otras por obligación.

Sea como fuere, en cualquiera de estas situaciones muchas personas experimentan los mismos procesos psicológicos y cognitivos. Esos que, de algún modo, todos deberíamos llevar a cabo casi como rito de paso:

  • Permite desactivar muchos estereotipos y sesgos intergrupales. Como dijo Aldous Huxley una vez, viajar es descubrir que todos están equivocados acerca de otros países.
  • Mejora el desarrollo personal, porque aumentan la autoconfianza y la autoeficacia.
  • Clarifica el autoconcepto, al dejar a un lado las percepciones externas para desarrollar una imagen clara de nosotros mismos. Libres de etiquetas externas, validaciones y condicionamientos sociales.
  • Fomenta la autocrítica y la adopción de nuevos valores y perspectivas mentales.
  • Fortalecer la identidad. Adquirimos nuevas habilidades (idiomas, estrategias de supervivencia, etc.) y nos sentimos orgullosos de nosotros mismos. Todo ello revierte en la autoestima.

Para concluir, hay aventuras que siempre merecerán la pena, como vivir en otros países. Son hazañas llenas de valor y enriquecimiento cultural, emocional y cognitivo que favorecen el ajuste psicológico.

No lo dudemos, vayámonos lejos al menos una vez en la vida. Cuando volvamos al hogar, lo haremos con una mejor versión de nosotros mismos.

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