Rompamos con la (mala) costumbre de las citas a la hora de cenar

Rompamos con la (mala) costumbre de las citas a la hora de cenar

Hace poco hablaba con un amigo de lo mucho que nos viene mal que la cita romántica por excelencia sea la de cenar con la coletilla del “y lo que surja”.

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Pero parece que no nos queda otra… La mayoría tenemos un horario de mañana, nos quedamos libres a media tarde y es el momento de ir al gimnasio, ponernos al día con una amiga o hacer esos recados inamovibles (la nevera no se llena sola) aprovechando que las tiendas siguen abiertas.

De ahí que la cena, a última hora del día, se posicione como el plan perfecto. Solo hay un problema, ¿a quién le apetece tener algo después de comer?

Cuando sales a cenar en una cita, lo último que te apetece es pedirte algo ligero por si pasa algo después.

Si comes fuera, quieres comer bien (la ensalada para cenar en casa si eso) y eso suele significar compartir algún entrante, plato principal para cada persona y, en mi caso, que no falte el postre.

Después de eso, la tripa pesa lo suficiente como para que te dé pereza toda actividad física que no sea subir las escaleras que te llevan del portal al ascensor.

Y ya no hablamos de quitarse la ropa. El estómago se hincha durante la digestión -hay quienes parecemos tener un embarazo por un rato-, así que es el momento menos apetecible. En mi caso entra comida, sale confianza.

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A eso hay que sumarle las horas: va a ser tan tarde que, solo de pensar que al día siguiente te espera el madrugón de turno, lo que realmente quieres es ponerte el pijama, darle a tu acompañante las buenas noches y dormir.

Entonces mi propuesta es la siguiente: pongámonos de acuerdo para cambiar esto. No, lo digo en serio.

Se acabó lo de dejarte la camiseta porque no quieres que se note que la fabada te ha dado gases.

Pongámosle fin a esos bostezos de puro sueño cuando te está contando cómo quiere ponerte mirando para cierta ciudad manchega. Empecemos a negarnos cuando el plan se fija a partir de las 21h de la noche.

Mi propuesta para evitar todos esos polvos, que se han perdido en el limbo de la pereza y el sueño, es que quedemos antes (ya te encargarás mañana de devolver el pedido de ropa a Correos), que vayamos a tomar un smoothie, dar un paseo, una bebida con teína, algo que espabile pero con el bastante margen de digerirlo y que por la noche cojamos la almohada con ganas.

Lo que sea para evitar caer en ese estado de pereza del que, por muchas ganas que le tuviéramos, no podemos escapar.

Mara Mariño

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