Red o el panda rojo que todos llevamos dentro

Red o el panda rojo que todos llevamos dentro

Red es la nueva y exuberante fantasía audiovisual de Pixar. Bien es cierto que han pasado ya varias décadas desde que se estrenaron creaciones tan inolvidables como Toy Story, Up o Buscando a Nemo. Sin embargo, la gran factoría continúa ganándose a niños y adultos con su excepcional dominio de las emociones, y de abordar temáticas en las que es muy fácil identificarse.

Esta última producción ha aterrizado de manera directa en la plataforma Disney y su éxito ha sido arrollador. No es para menos. Es una película hilarante, inteligente y honesta. Aborda temáticas que hasta el momento no se habían tocado en la industria de animación como es la menstruación. Esta vez, no tenemos a una protagonista con inseguridades o sueños frustrados. Tampoco sufre bullying en el colegio.

Nuestra protagonista es Meilin Lee, una niña china en plena pubertad que vive en Toronto, que tiene de un maravilloso círculo de amistades y que disfruta de sus grupos musicales favoritos. El principal problema de esta adolescente es su madre, una mujer tradicional e hiperprotectora que arrastra más de un problema no resuelto en su vida.

“¿La regla número uno en mi familia? Honra a tus padres”.

 -Meilin-

Niños sentados con animal
Red es una invitación a reflexionar tanto para niños como para adultos.

Red o el peso de las expectativas familiares

Meilin es una niña chino-canadiense de segunda generación que hace frente a dos experiencias. La primera es el despertar a la adolescencia y a ese caos efervescente de emociones intensas. Otro factor con el que lidia la protagonista es con el peso de una familia tradicional y muy arraigada a su cultura.

Su madre es una figura que sobrevuela de manera constante a su alrededor, condicionando cada parcela de su vida. Las expectativas que sitúan sobre Meilin son tan elevadas y opresivas que su estado emocional se debate entre la desesperación, la vergüenza y la rabia.

Las complicadas relaciones materno-filiales, sumadas a su transición hacia la adolescencia, conforman un cóctel explosivo que, en un momento dado, da paso a un maravilloso elemento sobrenatural…

Más allá de la temática central, cautiva la estética de Red. Nos recuerda a Mi vecino Totoro, por esas figuras inmensas y redondeadas que generan tanta afinidad y placidez al mismo tiempo. Asimismo, también hipnotiza al espectador ese entorno urbano multicultural, con delicadas tonalidades pastel y un ritmo visual acelerado, festivo y alegre.

El oso panda rojo, el Hulk de la cultura oriental

Red encierra un secreto, una revelación inesperada. Todos los antepasados femeninos de la familia de Meilin se convirtieron en pandas rojos llegada la adolescencia. En ese periodo de rebelión, propio de la pubertad y de hormonas alborotadas, emerge esa criatura inmensa, peluda y roja que hace acto de presencia cada vez que quedan atrapadas por las emociones de valencia negativa.

Meilin aprende rápido a controlar sus emociones. De hecho, sus amigas, ese círculo enriquecedor y sólido de figuras afectivas, son para la niña su mejor soporte. Son ese refugio de calma que, curiosamente, no le ofrece su familia y en concreto su madre. Es precisamente esa figura materna quien hace despertar en ella la ira y la frustración, al más puro estilo Hulk.

El temor a la desaprobación y el peso de las expectativas familiares

Esta producción recuerda en cierto modo a Encanto. En esta última los miembros de la mágica familia Madrigal estaban presionados por las expectativas de su formidable y dominante matriarca, la abuela. En Red tenemos nuevamente a una figura femenina controladora, hija también de inmigrantes chinos, y muy condicionada sobre cómo debe educar a su hija.

Meilin esconde de manera continuada sus gustos y sus pasiones por miedo a la desaprobación y la crítica. Cuando se atreve en algún momento a pedir algo (ir a un concierto), se le deniega. La sombra de las tradiciones y de esa educación vetadora y sobreprotectora despierta de manera constante a ese gran panda rojo que habita en ella.

Fotograma de Red
Red muestra a una madre sobreprotectora que presiona a su hija por heridas del pasado.

Red y las heridas de la madre

No es fácil seguir el peso de los mandatos familiares. No es sencillo adaptarse a otra cultura arrastrando el lastre de tradiciones que vetan libertades y que obligan a ser como se espera y no como se desea. En Red se sitúa la mirada más allá de la adolescente para provocar que también el adulto indague en el panda rojo que duerme en él.

En esta película se nos desvela una realidad de la que no se habla demasiado. La de las madres inmigrantes en los países occidentales que tienden a ser autoritarias y críticas con sus hijos, por un deseo muy concreto: para que tengan éxito. Para que triunfen en ese país y prosperen. Esto, como bien podemos imaginar, ocasiona una elevada presión psicológica en las generaciones más jóvenes.

Esa herida es la que sufre la propia Meilin, pero es también la que sufrió su madre en el pasado. Por ello, en un momento dado, sale al exterior un gigantesco panda rojo de esta última, producto de sus ansiedades soterradas, de sus frustraciones y traumas generacionales.

Las heridas de la madre salen a la luz y deben ser curadas por esas otras figuras femeninas de la familia, incluida la propia Meilin. Es entonces cuando llega la armonía, cuando los pandas vuelven a dormir y cada cual tiene la oportunidad de sentir la vida en plenitud y libertad. Procurando su propia autorrealización.

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