Qué probabilidades hay de que la inducción al parto acabe en cesárea

Qué probabilidades hay de que la inducción al parto acabe en cesárea

La inducción al parto es un procedimiento necesario en algunos casos en los que la gestación se prolonga más allá de la semana 41. Pero, también se suele inducir el parto cuando se rompen aguas y tras varias horas el proceso para el expulsivo no se inicia. En los casos en los que se detecta que el cordón umbilical está ahogando al bebé, también se pueden elegir una inducción al parto para evitar los riesgos que esto conlleva.

El problema llega cuando las probabilidades de que la inducción al parto acabe en cesárea es elevada, como explican en un estudio. Según explican, esto está relacionado con "un cuello uterino desfavorable al inicio del parto". Aunque, hay situaciones en las que "las mujeres con cérvix favorable no tienen mayor riesgo de cesárea", según apuntan.

¿Cómo se realiza una inducción al parto?

Desde la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) explican que hay dos formas de provocar una inducción al parto. Una es mediante la suministración de fármacos, como las prostaglandinas. Este método ayuda a que las contracciones empiecen. Es habitual emplearlo cuando una mujer rompe aguas, pero el trabajo de parto no se ha iniciado.

Otra forma de inducción al parto es por medios mecánicos, según indica la SEGO. Un tacto vaginal puede ayudar a despegar las membranas del útero para, así, estimular el inicio de las contracciones. En algunos casos, también se puede optar por romper la bolsa amniótica.

¿Cuándo se recomienda la inducción al parto?

La inducción al parto es un último recurso que se debe tener en cuenta cuando, así lo afirma la SEGO, la gestación se prolonga más allá de las semanas 41-42, hay sospechas de que el bebé no recibe los nutrientes que necesita (por ejemplo, si hay un nudo en el cordón umbilical) o hay una serie de complicaciones que requieren de esta medida.

También, cuando una mujer rompe aguas y el parto no se inicia en 24 horas, es necesario llevar a cabo la inducción al parto. Asimismo, la SEGO informa de que en aquellas situaciones en las que hay una infección o se sospecha de muerte fetal, la inducción es necesaria.

Riesgos de la inducción al parto

La razón por la que la inducción al parto aumenta el riesgo de que este finalice con una cesárea se debe, además de la situación del cuello uterino del que hablaba el artículo anteriormente mencionado, a que el parto suele tener una duración mayor. Por tanto, si se extiende demasiado y se sospecha de sufrimiento fatal, la cesárea es imprescindible según la SEGO.

Otro de los riesgos es que el parto vaginal puede requerir el uso de fórceps si el cuello del útero no consigue la dilatación suficiente para que el bebé pase sin problemas. Este instrumento puede provocar desgarros en la madre y hematomas en el bebé.

La inducción al parto también aumenta las hemorragias tras el expulsivo. Por lo tanto, conviene seguir las recomendaciones médicas, pues en algunos casos puede ser mejor la cesárea sin que haya inducción de por medio. Es el caso de aquellas situaciones en las que el bebé sea muy grande y al que le va a costar salir por el canal de parto.

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