¿Qué es un estímulo discriminativo?

¿Qué es un estímulo discriminativo?

Cuando anuncian un radar en la carretera sabes que has de disminuir la velocidad. Si ves un letrero que pone “WC” sabes que siguiéndolo llegarás al baño. Y si la luz del semáforo está en verde sabes que puedes cruzar. Todos los anteriores son ejemplos del estímulo discriminativo; y, como ves, están muy presentes en nuestro día a día.

Estos estímulos son señales que encontramos en el ambiente y que nos ayudan a regular nuestra conducta. Nos indican cuándo proceder con determinado comportamiento para obtener las consecuencias deseadas. Si quieres saber más al respecto, te invitamos a seguir leyendo.

El estímulo discriminativo

¿Qué es un estímulo discriminativo?
El estímulo discriminativo nos ayuda a determinar que las consecuencias de nuestros actos podrían ser positivas.

Para comprender qué es un estímulo discriminativo primero es necesario hablar de la psicología conductista. Esta corriente estudia la conducta humana y la entiende como el resultado de la relación entre estímulos y respuestas.

Es decir, toda conducta viene precedida por un estímulo y es seguida por unas consecuencias. En función de estas asociaciones, se crea un condicionamiento que modifica nuestra forma de comportarnos.

Por ejemplo, si tras emitir determinada respuesta recibimos un premio o evitamos un castigo, aprenderemos a repetir esa respuesta. En caso contrario (al actuar de una determinada forma obtenemos consecuencias negativas) reduciremos la frecuencia de emisión de esa respuesta. Esto es lo que se denomina condicionamiento operante, un fenómeno estudiado por autores como Skinner o Thorndike.

Ahora bien, ¿qué papel juega el estímulo discriminativo en todo este entramado? Pues bien, es la señal que nos indica cuándo podemos actuar porque en ese momento o lugar las consecuencias positivas están disponibles.

Por ejemplo, un cartel de «panadería» nos indica que ese es el establecimiento en el que debemos comprar pan. En cualquier otro lugar, (por ejemplo, una tienda de ropa), nuestra petición no tendrá la respuesta deseada.

Así, el estímulo discriminativo no hace que emitamos o no una determinada conducta, esto depende de las consecuencias. Pero sí señala cuándo las condiciones son las apropiadas para hacerlo.

Características y ejemplos

El estímulo discriminativo, entonces, es la señal que indica la oportunidad para responder. Pero este puede ser de muy diversa índole; desde símbolos, sonidos o luces, hasta personas, objetos o entornos.

A continuación te mostramos algunos ejemplos al respecto para que puedas obtener una mayor claridad:

  • A una rata se le coloca en una jaula con una bombilla y una palanca. Si, cuando la luz está verde, aprieta la palanca, se le ofrece comida. Si lo hace cuando la luz está apagada, esto no ocurre. La luz verde es en este caso el estímulo discriminativo.
  • Cuando un niño llora su madre siempre le atiende y consuela, pero su padre no. La presencia de la madre se convertirá en un estímulo discriminativo que indicará que la conducta de llorar sí va a tener la consecuencia deseada en ese momento.
  • Un radar de tráfico nos indica que, en ese momento, reducir la velocidad nos reportará una consecuencia positiva (evitar una multa).
  • Ver a nuestra pareja de buen humor nos indica que, si le contamos un chiste o le hacemos una broma en ese momento, se reirá y lo tomará bien. En otras circunstancias (por ejemplo, cuando está irritada o enfada) nuestra conducta no sería reforzada.

En definitiva, este estímulo nos ayuda a discriminar en qué momentos o ante qué elementos el reforzador está disponible. Y esto lo aprendemos porque cierta conducta ha sido reforzada con anterioridad en presencia de dicho estímulo.

El estímulo discriminativo y su relación con el estímulo delta

¿Qué es un estímulo discriminativo?
Mientras el estímulo discriminativo avisa de un resultado posiblemente positivo, el estímulo delta señala un posible resultado negativo.

Si el estímulo discriminativo nos avisa que el reforzador está disponible, el estímulo delta actúa justo al contrario: nos indica que a nuestra conducta probablemente no le seguirá la consecuencia esperada.

Por ejemplo, estamos acostumbrados a que al pulsar el interruptor la luz se encienda. Pero, si no hay corriente, por mucho que apretemos nada sucederá. Así, la falta de suministro eléctrico actúa como un estímulo delta.

Otro ejemplo podría ser el de un niño que, cuando recoge los juguetes en presencia de la profesora recibe elogios y alabanzas; pero, si lo hace en presencia de sus compañeros, no es reforzado. Así, la maestra sería el estímulo discriminativo (indica la oportunidad de actuar para obtener una recompensa) y los compañeros el estímulo delta (ante su presencia, la consecuencia positiva no tiene lugar.

El control de estímulos está presente en nuestro día a día

Estos conceptos, que parecen tan teóricos y poco aplicables a la realidad, ciertamente rigen nuestro comportamiento diario. Si no aprendiésemos a detectar y atender a los estímulos discriminativos nos pasaríamos el tiempo emitiendo conductas inútiles e inapropiadas. Por ejemplo, tratando de adquirir comida en una papelería o contando chistes en una reunión de trabajo seria.

Saber diferenciar cuándo obtendremos consecuencias positivas y cuando no guía nuestro comportamiento y lo vuelve más eficiente y adaptado. Además, estos métodos conductuales son de gran utilidad en la crianza infantil y en la psicoterapia para modificar conductas inapropiadas e instaurar otras más adaptativas.

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