¿Qué es la miastenia gravis? Estos son sus síntomas, sus causas y su tratamiento

¿Qué es la miastenia gravis? Estos son sus síntomas, sus causas y su tratamiento

Las enfermedades autoinmunes son un grupo complejo y variado en el que el agente causante no es un elemento externo, como un virus o una bacteria, sino que es el propio sistema inmune del paciente el que ataca su cuerpo. Por ello, su abordaje es especialmente complicado y supone uno de los grandes retos de la ciencia médica actual. Un caso paradigmático es la miastenia gravis, una afección que puede perjudicar seriamente la calidad de vida de quienes la sufren.

¿Qué es la miastenia gravis? ¿Cuáles son sus causas?

La miastenia gravis es, como señalábamos, un trastorno autoinmune que interrumpe la comunicación normal entre nervios y ciertos músculos controlados voluntariamente. Aunque puede afectar a cualquier parte del cuerpo que este bajo el control voluntario, afecta con mayor frecuencia a ciertos grupos musculares como son los ojos, la cara y la garganta, el cuello o las extremidades.

En casos especialmente severos, la miastenia gravis puede producir dificultades para respirar, ver, tragar, masticar, caminar, usar los brazos o sostener la cabeza, con lo que tiene un impacto muy importante en el día a día del paciente.

Al ser autoinmune, está provocado por un funcionamiento anormal del sistema inmunitario por el que genera una serie de anticuerpos que bloquean o atacan los receptores de los músculos para el neurotransmisor acetilcolina o la función de la proteína tirosina cinasa. Igualmente, se cree que pueden existir otros anticuerpos que perjudiquen a otros elementos de la unión neuromuscular.

En ocasiones, aparece ligada a factores genéticos, aunque no siempre es el caso. De igual manera, algunas madres parecen transmitirla a sus hijos en el vientre, si bien con tratamiento se suele lograr la recuperación completa en el bebé al cabo de un par de meses.

También, se sabe que existen ciertos factores que agravan la dolencia, como son la fatiga, las infecciones, las cirugías recientes, el estrés, ciertos medicamentos (betabloqueantes, gluconato de quinidina, sulfato de quinidina, quinina, fenitoína, algunos anestésicos y algunos antibióticos.

¿Cuáles son sus síntomas?

La disminución en la capacidad neurorreceptora del músculo se traduce en una debilidad muscular grave que empeora con la actividad del músculo afectado y mejora con el reposo. Este síntoma, además, tiende a empeorar con el tiempo, alcanzando un punto álgido a los pocos años de la aparición de la enfermedad.

Esta debilidad tiene diferentes efectos según el músculo afectado. Por ejemplo, cuando tiene lugar en los músculos de los ojos puede provocar la caída de los párpados o visión doble (diplopía); en los de la cara y la garganta, causa deterioro del habla, dificultad para tragar o masticar y cambios en las expresiones faciales.

En los casos más drásticos, la miastenia gravis puede provocar dificultades respiratorias, en lo que se conoce como crisis miasténica. Además, la condición a menudo está relacionada con la presencia de tumores en el timo, mayoritariamente benignos, con otras afecciones autoinmunes o con hipo- e hipertiroidismo.

¿Cómo se trata?

Aunque no existe una cura para la miastenia gravis, sí que existen diferentes estrategias que pueden minimizar la gravedad de los síntomas y el impacto en la vida diaria del paciente.

Por ejemplo, los fármacos inhibidores de la colinesterasa, los corticosteroides y los inmunosupresores pueden mejorar visiblemente el estado del paciente, si bien deben emplearse con precaución porque en algunos casos pueden tener graves efectos secundarios.

Igualmente, algunos tratamientos terapia intravenosa (como la plasmaféresis, la inmunoglobulina intravenosa y los anticuerpos monoclonales) pueden emplearse para prevenir empeoramientos repentinos antes de cirugías u otros tratamientos o para casos resistentes al tratamiento, pero igualmente pueden tener efectos secundarios de cierta importancia.

Por otra parte, la extracción del timo puede ser beneficiosa, especialmente (pero no únicamente) en los pacientes que presentan tumores en ella. No obstante, lo cierto es que los efectos de la intervención pueden tardar años en ser aparentes.

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