Punteros semánticos: la nueva teoría sobre las emociones

Punteros semánticos: la nueva teoría sobre las emociones

Las emociones se encienden y se apagan. En un momento dado, podemos estar sintiendo una profunda tristeza y, de pronto, sucede algo sorprendente que nos inyecta una dosis de luminosa y efervescente alegría. Esos cambios tan rápidos, precisos y casi hasta espectaculares han llamado desde siempre la atención de la ciencia. Ahora, conocemos su mecanismo: son “punteros semánticos”.

Este término tan llamativo define un proceso psicofisiológico tan complejo como fascinante a la vez. Las personas hacemos inferencias muy rápidas sobre lo que sucede a nuestro alrededor. El cerebro evalúa esa percepción y la dota de un significado, el cual más tarde se transforma en una emoción y en una reacción fisiológica acorde a dicho estado.

Es como si dispusiéramos de un circuito neuronal con múltiples patrones que reaccionan según las circunstancias que nos rodean. Hay una evaluación semántica y después una respuesta corporal (taquicardias, tensión muscular, mariposas en el estómago…). Lo llamativo es la velocidad a la que acontece todo ese proceso tan común a la vez que excepcional.

Lo analizamos.

“Una emoción no causa dolor. La resistencia o supresión de una emoción causa dolor”.

-Frederick Dodson-

Neuronas en el cerebro representando los punteros semánticos

¿Qué son los punteros semánticos?

Tenemos una cita con alguien que nos atrae, pero de pronto nos envía un mensaje anulando el encuentro. Pasamos de la ilusión a la decepción e incluso al enfado. Llegamos a casa agobiados del trabajo y al cruzar la puerta, nos encontramos con una visita de alguien a quien echábamos en falta y queremos mucho. Pasamos del estrés a la alegría…

Ir de un estado emocional a otro es una experiencia habitual en el ser humano. De hecho, más allá de lo que nos pueda parecer, pocas cosas nos definen tanto. Así, y como bien hemos señalado, este es un proceso que siempre ha interesado a los científicos y que ahora podemos comprender gracias a un estudio del doctor Paul Thagard, catedrático de filosofía y director del “Cognitive Science Program” de la Universidad de Waterloo, y sus colegas.

Ahora bien, antes de profundizar en él y en el concepto de los punteros semánticos, es importante recordar las teorías que hasta el momento explicaban el por qué de nuestros cambios emocionales.

¿Por qué experimentamos cambios emocionales?

En primer lugar, experimentamos cambios emocionales de manera frecuente porque estamos vivos. Porque somos seres emocionales que razonan y esas variabilidades en el estado de ánimo son algo recurrente. Ahora bien, ¿qué mecanismo hace que este proceso sea posible?

  • William James, el padre de la psicología científica, señalaba que el cambio emocional viene orquestado por el cambio fisiológico. Es decir, tenemos miedo porque el corazón se acelera, no porque nos demos cuenta de que hay un peligro. Hasta llegado el siglo XX, se daba por sentado que es el cuerpo el que desencadena un estado emocional.
  • Más tarde, llegó el psicólogo Paul Ekman, quien nos dijo que las emociones son valoraciones automatizadas del cerebro. Las personas podemos saltar de una a otra dependiendo de lo que suceda a nuestro alrededor. En este caso, no es el cuerpo quien reacciona, es el cerebro al procesar cada estímulo de manera automática.

La teoría que nos propone ahora el doctor Thagart y sus colegas está en sintonía con la del doctor Ekman, pero también tiene en cuenta el aspecto fisiológico. Según nos explican en este nuevo enfoque: emociones, pensamientos y reacciones corporales conforman “paquetes” conjuntos de reacción. Todos actúan en conjunto.

Punteros semánticos: una programación emocional única en cada cerebro

Los punteros semánticos son como “paquetes” de programación emocional única en cada uno de nosotros. Para comprenderlo mejor, describiremos los cuatro aspectos que definen este concepto:

  • Un puntero semántico está formado por una situación real que desencadenan en nosotros una reacción.
  • Aparece la evaluación/interpretación que hagamos de esa situación.
  • En él se integra también una reacción fisiológica (nerviosismo, calma, armonía).
  • Por último, en esa “línea” de programación neurológica aparece nuestra experiencia y nuestra personalidad.

Por tanto, los punteros semánticos evocan emociones que nos hacen reaccionar muy rápido ante múltiples experiencias porque son procesos automatizados. En ellos se integran tanto los pensamientos, como los desencadenantes fisiológicos.

Asimismo, es interesante saber que en esos “algoritmos” cerebrales también se incluye nuestra experiencia y nuestra forma de ser. Por eso, cada uno de nosotros actuamos/reaccionamos de un modo particular.

Los punteros semánticos activarán una emoción u otra en función de lo que pensemos, de nuestra personalidad y de la situación en la que nos encontremos. 

Corazón iluminado para representar los Punteros semánticos

La ambivalencia emocional, cuando cohabitan dos punteros semánticos juntos

Este matiz es interesante. El doctor Paul Thagard y sus colegas nos dicen que la teoría del puntero semántico puede explicar también la ambivalencia emocional. Ejemplo de ello es sentir en un momento dado amor-odio por nuestra pareja, por un amigo o incluso por nuestros hijos. Los adoramos, pero a veces nos agotan y queremos descansar un poco de ellos.

Esa sensación que nos es tan extraña y contradictoria se explica porque en ocasiones podemos activar dos punteros semánticos a la vez. Por así decirlo, se combinan dos “algoritmos” cerebrales en los que hay pensamientos opuestos, emociones diferentes y reacciones fisiológicas muy variadas. Si nos sentimos confusos (e incluso agotados), se debe precisamente a este origen.

Más allá de la complejidad de este enfoque, no deja de ser interesante por varias razones. En este caso, no se pone el foco en qué aparece primero, si el pensamiento o la emoción. Todo proceso se activaría de manera automática, teniendo en cuenta nuestra personalidad y nuestras vivencias anteriores.

Como vemos, la ciencia sobre la comprensión de las emociones no deja de avanzar…

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