¿Por qué se portan mal los niños cuando están cansados?

¿Por qué se portan mal los niños cuando están cansados?

¿Has llevado alguna vez a tus hijos a un restaurante y no has podido controlar su mala conducta? Este es un hecho muy recurrente que suele acabar con la paciencia de las mamás y los papás. Tanto, que es común que se digan aquello de «no volvemos a salir a comer con los niños hasta que sean mayores». Sin embargo, antes de llegar a esta tajante decisión, convendría tener en cuenta un aspecto.

Cuando los niños están cansados, tienen hambre o están aburridos, aumentan las conductas negativas. Sus emociones son tan intensas y desbordantes que los sobrepasan. No culpabilicemos siempre a nuestros pequeños por esas reacciones; mejor comprendamos qué hay detrás de ese mal comportamiento. Recordemos lo que nos dice la neurobiología infantil.

El cerebro de un niño aún no ha madurado, esto significa que tienen muy pocos recursos para ejercer el autocontrol. De este modo, cuando se sienten atenazados por experiencias tan turbadoras como el agotamiento o el apetito, su nerviosismo se intensifica. Si además los adultos reaccionan con amonestaciones o castigos, el malestar escalará hasta proporciones épicas.

Hay muchas razones por las que nuestros pequeños se portan mal. A veces buscan nuestra atención, otras intentan probar nuestros límites, es cierto. Sin embargo, tengamos en cuenta que, en la mayoría de los casos, tras una conducta negativa en un niño, hay una emoción mal regulada. Profundicemos un poco más en este tema.

Los niños pequeños no suelen tener habilidades lingüísticas para expresar lo que les sucede: hambre, cansancio, etc. En su lugar lo manifiestan con conductas negativas o desafiantes.

Niño tirando un muñeco en el sofá ejemplo de cuando los niños cuando están cansados
Son muchos los niños que suelen portarse mal cuando salen de la guardería o del colegio.

Cuando los niños están cansados: hiperactividad y mala conducta

Nos encantaría que un niño de 3 o 6 años fuera capaz de explicarnos lo que les sucede cuando se porta mal. Sin embargo, si hay un reto que tendrán nuestros hijos hasta bien entrada la adolescencia, es poder verbalizar sus emociones. A menudo, son tantas las sensaciones, sentimientos y necesidades que se acumulan en su interior que no saben cómo actuar ante esa caótica maraña interna.

Lo que hacen es reaccionar de la manera menos adaptada y dejarse llevar por lo que sienten, por ese torbellino interno. Esto lo ven a menudo los padres o abuelos que recogen a los pequeños de las guarderías o de las escuelas. Justo cuando más cansados están, más protestones se vuelven, más rabietas experimentan y menos atención nos prestan. Se desesperan ellos y se desesperan aún más sus progenitores.

A ello debemos sumarle sin duda otra realidad. Solemos someter a los niños a las mismas jornadas maratonianas que un adulto. Se levantan temprano y, cuando terminan el cole, continúan con sus sesiones extraescolares: inglés, clases de refuerzo, baloncesto, natación, ballet, música… Estamos educando a las nuevas generaciones en la hiperactividad y la hiperexigencia. Y esto, trae consecuencias.

A veces, no solo el esfuerzo físico deja a los niños agotados. El aburrimiento, el tedio, el hambre y hasta la frustración les cansa y esto se traduce en mala conducta en ciertos casos.

Cansancio, falta de autocontrol y mala regulación emocional

El cerebro humano no finaliza su maduración hasta pasados los 20 años. En ese momento, áreas tan importantes como la corteza prefrontal, terminan de formarse. Hasta entonces, es común evidenciar ciertos problemas para regular los impulsos y emitir conductas más juiciosas. Ahora bien, si nos preguntamos por qué se portan mal los niños cuando están cansados, hay más factores.

Además de la dificultad para controlarse, los pequeños aún tienen problemas para entender sus emociones. El cansancio, la frustración y el hambre pueden hacer que se vuelvan más irritables. También que tengan problemas para centrar su atención y obedecernos.

La Universidad de Carolina del Norte destaca algo relevante en un estudio: es esencial que en esos primeros años de infancia les guiemos en el aprendizaje de la regulación emocional. Porque esa será la competencia que les facilitará poder asentar funciones ejecutivas como la atención, la memoria, la reflexión, la resolución de problemas, etc.

Un niño no siempre entiende qué le pasa cuando se siente dominado por el agotamiento o la tristeza, el hambre o el estrés. Lo único que experimenta es malestar y no duda en dejarse llevar por él… Es decisivo que les guiemos en el aprendizaje y la regulación de esos estados internos.

Niños aburridos o que se sienten solos = niños enfadados

Los niños cuando están cansados se vuelven más irascibles y menos pacientes, lo sabemos. Sin embargo, hay más variables que debemos tener en cuenta. En muchos casos, la mala conducta también puede deberse al aburrimiento o al sentimiento de soledad. No podemos dejar de lado el hecho de que los papás y las mamás, por razones laborales, no pueden pasar con sus hijos tanto tiempo como desearían.

Los niños echan en falta sus atenciones y esto se traduce muchas veces en frustración y en conductas desreguladas. Se sienten aburridos, tristes y decepcionados. No saben cómo manejar esa picazón, ese vacío interno que a veces llenan del peor modo posible, con las pantallas o los videojuegos.

Madre dibujando con su hija pensando en cuando los niños cuando están cansados
Compartir tiempo con nuestros hijos mediante el juego les permite descansar y conectar emocionalmente con nosotros.

¿Qué podemos hacer?

Lo más importante que podemos hacer como padres, abuelos o educadores es comprender las necesidades del niño. Esto implica saber cómo se desarrolla el cerebro infantil en cada momento y potenciar aquello más decisivo en cada etapa. Un objetivo que debemos plantearnos es ayudarles a comprender, identificar y regular sus emociones.

Seguidamente, siempre será recomendable procurar que los pequeños tengan tiempo de descanso y momentos para el juego. Un niño agotado será más proclive a las rabietas, al igual que un niño que no sabe cómo manejar su aburrimiento. Antes de darle una tablet o los mandos de un videojuego, ofrezcámosle un cuaderno para dibujar y se exprese. Permitamos que ese aburrimiento se transforme en creatividad.

Por último, recordemos siempre que detrás de una mala conducta hay realidades que debemos comprender. Evitemos recurrir a la sanción o el castigo y entendamos qué está demandándonos nuestro hijo. Tal vez solo esté buscando nuestra atención o no sepa qué hacer con esa emoción que lo atenaza…

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