¿Por qué podemos llegar a ser tan felices con lo que no existe?

¿Por qué podemos llegar a ser tan felices con lo que no existe?

La felicidad anticipada es como imaginarse el irresistible sabor del pastel de chocolate que estamos a punto de comer. También es sentir las cosquillas de la ilusión alborotando en nuestro estómago ante esa cita que tenemos esta noche. Asimismo, es trazar en nuestra mente todas esas experiencias que nos gustaría vivir en nuestras inminentes vacaciones.

No hace falta ser un niño para sentir esa alegría ante un hecho anticipado. Es más, casi podríamos decir que se disfruta más de esa anticipación que del propio hecho como tal. Porque, a veces, la vida desilusiona. En otras ocasiones, lo vivido no es tan perfecto como lo imaginado. Y en determinadas situaciones, eso sí, lo que trae el futuro es más extraordinario que lo planeado.

Sea como sea, hay un dato que nos enseña la psicología. Sin esos pensamientos anticipatorios, la felicidad no sería tan intensa, satisfactoria y vivificante. Es ese sentimiento que nos hace despertarnos por la noche porque cuesta conciliar el sueño ante tantas sensaciones, sueños, deseos. Imaginar que el mañana nos traerá hechos de lo más enriquecedores y positivos es clave para nuestro bienestar.

Ser capaces de ilusionarnos por hechos futuros es un recurso altamente positivo para nuestro equilibrio mental.

Mujer con los ojos cerrados en la playa soñando en la felicidad anticipada
Imaginar las experiencias positivas que puede traernos un evento futuro es un proceso saludable y recomendable.

Felicidad anticipada: definición y características

La felicidad anticipada puede definirse como el conjunto de emociones y cogniciones que experimentamos ante la inminencia de un hecho futuro. Esas experiencias internas tienen siempre una valencia positiva, porque lo que la mente anticipa es de nuestro agrado, muy ilusionante y casi extraordinario.

Una investigación de la Universidad de Washington señala que este tipo de felicidad influye de manera directa en nuestra motivación y en nuestro comportamiento. Tanto es así que, durante esos días o semanas previas a la circunstancia esperada, nuestra conducta puede variar. Nos mostramos más abiertos, esperanzados y hasta tomamos decisiones más arriesgadas.

Por otro lado, hay un hecho que siempre intriga a los investigadores. Parece que, por término medio, disfrutamos más de las cosas antes de que estas lleguen que cuando han pasado. En otras palabras, anticipar o imaginar lo que puede pasar ante un evento futuro es más gratificante que la vivencia o el recuerdo de la misma.

Así, aunque más de uno diga aquello que es mejor no esperar nada y dejar que el destino nos sorprenda, en realidad, es recomendable ilusionarnos, soñar, trazar expectativas…

A veces, pensar que las cosas pueden cambiar en nuestro beneficio también es una buena estrategia de afrontamiento y una forma de felicidad anticipada.

La anticipación es una etapa clave en la felicidad

Una fiesta de cumpleaños. Empezar un trabajo nuevo. Reencontrarnos con un amigo al que no veíamos hace años. Empezar a vivir juntos con nuestra pareja. Irnos de viaje. Son eventos y circunstancias que despiertan en nosotros la magia de la ilusión. Es casi como volver a nuestra infancia, como dejarnos abrazar por emociones como la alegría, la esperanza, la dicha y hasta la euforia.

Tener algo que esperar e imaginar revierte en nuestro bienestar psicológico. Alentar a nuestra motivación, a nuestro pensamiento hacia un foco positivo (más allá de nuestras circunstancias actuales) es un hecho beneficioso.

Esa prospectiva optimista actúa como reflejo de una mente que mira la vida con esperanza. Al fin y al cabo, si hay algo que debemos saber es que los pacientes con depresión serían incapaces de experimentar felicidad anticipada. Para ellos, todo evento futuro tiene la sombra de la amenaza, el filo de la incertidumbre y la oscuridad de la catástrofe.

Planear algo puede ser más emocionante que vivirlo

¿Qué ilusiones tienes ahora mismo en tu vida? ¿Qué evento inminente hay en tu calendario que te llena de alegría, de sueños y ganas de que ese día llegue cuanto antes? A veces, planear algo puede ser más emocionante que el hecho de experimentarlo, lo sabemos. Ocurre muchas veces con nuestras vacaciones.

Nos pasamos los meses previos trazando planes, pensando en el viaje, en esos paseos por la playa, esas excursiones por una ciudad cargada de historia, de cultura evocadora. Imaginamos dónde iremos a comer o cómo será el hotel. Casi sin darnos cuenta, ya hemos hecho ese viaje cien veces en nuestra mente antes de que acontezca el día señalado.

Todo ese proceso que orquesta la felicidad anticipada está medida por poderosos neurotransmisores. La dopamina es esa sustancia cerebral que media en los procesos de recompensa. Es ella la que nos motiva, la que nos trae la euforia, las mariposas en el estómago, el deseo porque llegue ese evento futuro…

La dopamina es la molécula cerebral que orquesta el deseo y la ilusión por lograr algo. De hecho, a veces es más placentero el deseo por conseguir un objetivo, que alcanzar esa meta como tal.

Chico caminando entre montañas pensando en la felicidad anticipada
Pensar que el mañana puede traernos muchas de las cosas que soñamos en el presente es una fuente de motivación.

La felicidad anticipada como estrategia de afrontamiento

Una investigación del 2015 dirigida por el doctor Christian Waugh dejó un dato en evidencia sobre la que vale la pena reflexionar. Tener eventos ilusionantes en el horizonte es una estrategia de afrontamiento para el estrés. Nos motiva, nos alienta, disipa los días malos, disuelve esa ansiedad que a veces nos atenaza y nos invita a mirar el futuro de otro modo.

No tenemos más que retrotraernos a esos días de agobio y presión en el trabajo. En esos momentos, nuestra mente puede pensar en esa cita que tenemos el viernes. O en el viaje del fin de semana. En las vacaciones de verano o navidad. Quizá hasta en ese día libre en el que nos daremos un capricho para nosotros solos…

La clave de la felicidad está en no dejar de ilusionarnos por la vida, en poner un día sí y otro también metas apasionantes en nuestro futuro a corto y largo plazo.

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