¿Por qué deberías jugar más?

¿Por qué deberías jugar más?

El juego existe en todos los rincones del mundo desde tiempos inmemorables. Se caracteriza por ser una actividad placentera que consiste en movernos libremente, representar personajes, crear mundos, pensar estratégicamente y resolver problemas de una forma innovadora. Al fin y al cabo, jugar es aprender divirtiéndonos.

Es frecuente que este hábito vaya disminuyendo a medida que vamos creciendo. De niños jugamos gran parte del día: en casa, en la escuela, en el parque (es lo principal, casi lo más importante). Solos, con amigos, con hermanos u otro familiar. Ahora bien, el juego en la edad adulta suele ser cada vez más esporádico, pues lo percibimos como “una pérdida de tiempo”. Pasados los 20, nuestras responsabilidades tienen cada vez más peso. El tiempo no laboral a menudo se reduce a mirar televisión.

La cuestión es que el juego nos aporta mucho más que diversión. Los beneficios que obtenemos a partir de él son verdaderamente significativos y potencian una calidad de vida saludable. Los adultos deberíamos jugar más…

Jóvenes jugando al fútbol
El juego en los adultos favorece la socialización y reduce el estrés.

El juego en la infancia

Durante la niñez es uno de los elementos principales y más significativos del desarrollo físico, cognitivo y social. Hacerlo promueve la curiosidad y la imaginación, favorece las habilidades sociales y ejercita la concentración. Además, el juego permite a los niños comprender su entorno y desarrollar habilidades para adaptarse a él. A su vez, se convierte también en un canal por el que expresan sus necesidades y emociones, y que tiene un gran valor en terapia.

En definitiva, a través de actividades lúdicas, los niños conocen el mundo exterior, y también a sí mismos, de una forma voluntaria y placentera mientras que despliegan una serie de destrezas que los beneficiarán el resto de su vida.

Cabe destacar que cualquier actividad lúdica contribuye al desarrollo cerebral, ya que estimula la creación de nuevas conexiones neuronales en la corteza prefrontal del cerebro. Por esto, desde el punto de vista pedagógico, los juegos tienen una importante potencialidad educativa. Los pequeños en edad preescolar y escolar aprenden mediante una actividad que tiene lugar en un contexto no amenazante y de baja presión: el juego espontáneo.

Grandes referentes de la psicología han pensado y escrito sobre el juego: Erik Erickson describe al juego infantil como un medio al alcance de los niños para ganar autonomía, mientras que Vygotsky destaca su peso como regulador de la conducta. Por su parte, Melanie Klein le otorga un papel fundamental en el espacio psicoterapéutico con niños. Considera que el juego en el niño es el equivalente a la asociación libre del adulto, técnica psicoanalítica por excelencia.

La importancia de seguir jugando

Si bien muchas personas entienden que es una práctica exclusivamente infantil, el aspecto lúdico no desaparece con la edad, sino que se transforma. Aparecen otras formas de juego, generalmente orientadas a establecer vínculos entre pares y negociar las demandas del mundo adulto.

Los deportes, ciertos videojuegos, el ajedrez y otros juegos de estrategia conforman el grupo de juegos socialmente aceptados como forma de distracción para personas adultas. Sin embargo, no hay nada malo en jugar juegos más excitantes. ¡Despeinarte y reírte a carcajadas no te hará menos adulto!

Claro que la forma que adquiere el juego tiende a alterarse de acuerdo a la edad cronológica e intereses particulares de la persona, pero lo cierto es que la necesidad de lo lúdico se mantiene incluso siendo responsable de un trabajo y una familia. A través del juego ganamos bienestar, aprendizaje y crecimiento. En este sentido, entendemos que jugar siendo adultos no solo es válido, sino recomendable. 

“Es en el juego y sólo en el juego que el niño o el adulto como individuos son capaces de ser creativos y de usar el total de su personalidad, y sólo al ser creativo el individuo se descubre a sí mismo”.

-Donald Winnicott-

Jóvenes jugando a los videojuegos
Jugar en la adultez estimula la imaginación y la creatividad.

Beneficios del juego

Recuperar una de las experiencias más placenteras de la existencia humana se convierte en prácticamente una necesidad cuando somos capaces de reconocer sus beneficios. Aquí, algunos de ellos:

  • Estimula la imaginación y creatividad.
  • Favorece la socialización.
  • Reduce el estrés y la ansiedad.
  • Nos ayuda a conectarnos con nosotros mismos.
  • Ayuda a ejercitar y conservar la memoria.
  • Permite mejorar la regulación emocional.
  • Potencia la tolerancia a la frustración.
  • Promueve la resolución de conflictos de forma innovadora.

Desafortunadamente, resulta más que cotidiano subestimar el valor del juego una vez que nos vemos inundados por obligaciones del mundo adulto. Estamos preocupados por invertir nuestro tiempo y energía en actividades que consideramos productivas, sin advertir que la productividad no se reduce a generar dinero o resolver problemas.

Cuando dejamos de ser niños, el juego no es una forma de conocer y experimentar al mundo, debido a que ya conocemos gran parte de él. Es decir, en algún momento dejan de sorprendernos los colores, las texturas, los animales y todo aquello que nos rodea en la cotidianeidad.

Sin embargo, el juego nos permite acercarnos a realidades que aún desconocemos y a desafiarnos a nosotros mismos, alejándonos de nuestra zona de confort. Además, jugar es una herramienta maravillosa que nos ayuda a sentirnos menos estresados y más felices, pues el objetivo último es disfrutar del momento presente, más allá del resultado. ¿Qué esperas para incorporar más actividades lúdicas a tu vida diaria?

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