Netflix o cómo triunfa la violencia machista convertida en espectáculo

Netflix o cómo triunfa la violencia machista convertida en espectáculo

Un viernes cualquiera entraba en Netflix, lista para hacer una maratón de series o lo que me sugiriera la plataforma.

Como la mayoría de las veces, repasé lo más visto en España aquellos días. Y muchos de los resultados tenían en común lo siguiente: sexo, muerte y mujeres.

Netflix series

EL BLOG DE LILIH BLUE

De un tiempo a esta parte, cada vez le voy cogiendo más manía a Netflix y a su costumbre de convertir tragedias de violencia machista en puro entretenimiento.

En aquel momento eran las producciones de El Caso Alcàsser y ¿Dónde está Marta? las dos que coronaban la lista.

La conclusión es escalofriante: el morbo de un asesinato, con violación de por medio, vende.

Y vende hasta el punto que a nadie le sorprende que se haga de ello un show. Al igual que tuvo también su reconocimiento el de Chicas perdidas.

Ya no basta con hacer series o películas que se metan en la cabeza de los propios asesinos. Nos sabe a poco escuchar en una cinta cómo Ted Bundy elegía a sus víctimas.

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Lo que tira es meterse hasta el fondo, conocer hasta el más mínimo detalle. Ver toda la historia como cuando miras True Detective o El guardián invisible.

Y ahí precisamente es donde está el problema. En pensar que lo que vemos en la pantalla no es real, en distanciarnos emocionalmente, en quitarle peso gracias a que comparte espacio en una plataforma donde la mayoría de títulos son ficción.

En mirarlo como se ve una película nueva de los Vengadores.

Pero también en pensar que, del próximo asesinato de violencia machista, no solo se cubrirán los periódicos por un día y las feministas encenderemos Twitter pidiendo cambios.

Ya habrá una serie para distraernos, hacer del horror algo interesante y bien narrado de lo que no podemos desengancharnos.

«Un excelente trabajo ensayístico», «un rompecabezas adictivo» o «un buen ritmo, una fotografía cuidada» son algunas de las críticas que, a día de hoy, se pueden leer de las series que he citado anteriormente.

Con una falta de tacto equivalente a que no hubiera vidas sesgadas ni familias destrozadas detrás de ello. Pero las hay.

No solo nos matan. De nuestra muerte hacen espectáculo.

Y Netflix se asegura de que lo disfrutemos.

Mara Mariño

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