La fiebre del Valle del Rift, una peligrosa enfermedad que puede ir desde cuadros leves a fiebres hemorrágicas

La fiebre del Valle del Rift, una peligrosa enfermedad que puede ir desde cuadros leves a fiebres hemorrágicas

Uno de los aspectos más dolorosos de la desigualdad entre los países más y menos desarrollados es la falta de recursos sanitarios en los segundos, que conlleva una inmensurable pérdida de vidas y un gran sufrimiento a millones de personas. Muchas enfermedades inexistentes en las áreas favorecidas del mundo campan a sus anchas en las más depauperadas, sólo porque no existen allí los medios para combatirlas; este es el caso de la fiebre del Valle del Rift.

¿Qué es la fiebre del Valle del Rift?

La fiebre del Valle del Rift es una zoonosis (enfermedad que se transmite de animales a humanos) de origen vírico y de carácter grave tanto para muchos animales domésticos como para los seres humanos. El virus en cuestión pertenece al género Phlebovirus y se identificó por primera vez en 1931.

La transmisión a las personas se produce principalmente por contacto directo o indirecto con sangre o tejidos de animales infectados, habitualmente ganado, lo que explica que ciertas profesiones (ganadero, carnicero, veterinario) tengan mayor riesgo de contraerla.

No obstante, también se han registrado casos de contagios por beber leche no pasteurizada de animales infectados y por picaduras de mosquitos Aedes y Culex y moscas hematófagas (que se alimentan de sangre). Afortunadamente, no se conocen casos de transmisión de persona a persona.

¿Cuáles son sus síntomas?

La fiebre del Valle del Rift puede tomar dos formas en los humanos, una leve y otra grave.

En la primera, se presenta un cuadro febril similar a una gripe, con cefaleas, dolores musculares, y en ocasiones rigidez en la nuca, sensibilidad a la luz, pérdida de apetito y vómitos. La sintomatología dura entre cuatro y siete días, tras lo cual la enfermedad remite.

En la segunda, puede tratarse de una enfermedad ocular, una meningoencefalitis o una fiebre hemorrágica.

Cuando toma la forma de enfermedad ocular, los síntomas incluyen pérdida de visión o visión borrosa, que pueden desaparecer pasados entre 10 o 12 días o degenerar hasta producir la pérdida permanente de visión.

En su variante meningoencefalítica, las manifestaciones clínicas incluyen cefaleas intensas, pérdidas de memoria, alucinaciones, confusión, desorientación, vértigo, convulsiones, letargo y coma, signos a los que a veces siguen complicaciones neurológicas que pueden dejar secuelas graves y permanentes.

Por último, la fiebre hemorrágica es la forma más peligrosa de la enfermedad y está marcada por afectación hepática grave (con manifestaciones como ictericia), hematemesis (sangre en el vómito), melenas (sangre en las heces), equimosis (hemorragia subcutánea), hemorragia nasal o gingival, menorragia y sangrado por puntos de punción. En esta iteración, la tasa de mortalidad alcanza hasta el 50%.

Tanto en los animales como en seres humanos, la fiebre del Valle del Rift típicamente produce abortos espontáneos.

¿Cómo se trata?

Por ahora, no existe ningún tratamiento capaz de curar la infección como tal, por lo que la línea de actuación se basa en el abordaje de los síntomas en aquellos casos que lo requieran.

Por esto, son especialmente importantes las actuaciones orientadas a la prevención, con programas continuos de vacunación de los animales (existen vacunas efectivas autorizadas para uso veterinario), restricción de los movimientos del ganado, la vigilancia para la detección de casos y la eliminación de los insectos que pueden transmitirla.

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