Flemático, melancólico, sanguíneo o colérico: ¿cuál es la teoría de los cuatro humores de Hipócrates?

Flemático, melancólico, sanguíneo o colérico: ¿cuál es la teoría de los cuatro humores de Hipócrates?

Surgió cuatro siglos antes de nuestra era y su importancia fue tal que la mayoría de los médicos europeos la utilizaron hasta mediados del siglo XIX cuando la medicina moderna, tal y como hoy la entendemos, comenzó a ganar fuerza.

Además, tiene el mérito de haber sido el primer intento serio de clasificar los distintos tipos de temperamentos y relacionarlos directamente con la salud física, por lo que la teoría de los cuatro humores puede considerarse una verdadera precursora de la psicología y, de hecho, sirvió como inspiración para los primeros psicólogos casi 2.000 años después su nacimiento.

Pero, ¿qué es exactamente la teoría de los cuatro humores? Esta teoría se la debemos a Hipócrates, médico de la Antigua Grecia al que se considera ‘padre de la medicina’. Hipócrates fue el primero en sistematizar los conocimientos disponibles sobre la salud, además de plantear una explicación para enfermedades que aquejaban al ser humano y una terapéutica para atenderlas.

Su teoría mantiene que el cuerpo humano está compuesto de cuatro sustancias básicas, a las que él llama humores (líquidos), y cuyo equilibro indica el estado de la salud de la persona. Estos líquidos serían la bilis negra, la bilis amarilla, la flema y la sangre y de su exceso, déficit o desequilibrio en general resultan todas las enfermedades.

Tanto los griegos como los romanos como las posteriores sociedades de Europa consideraban que cada uno de los humores aumentaba o disminuía principalmente en función de la dieta y la actividad de cada individuo. Cuando un paciente sufría un desequilibrio de estos líquidos, su personalidad y su salud se veían afectadas. Para Hipócrates, por tanto, la enfermedad no es un asunto exclusivamente orgánico y mantuvo la concepción de que mente y cuerpo eran una sola realidad. Por lo tanto, lo que sucedía en la mente tenía efectos en el organismo físico y viceversa.

Teofrasto y los discípulos de la escuela Peripatética elaboraron un estudio donde relacionaban dichos humores con el carácter de las personas y posteriormente Galeno señaló que el desequilibrio de los humores afectaba nuestra forma de ser, de sentir, de pensar y de comportarnos. De este modo aparecen los cuatro temperamentos: las personas con mucha sangre eran sociables; las que tenían mucha flema eran calmados; quienes poseían mucha bilis eran coléricos y con mucha bilis negra eran melancólicos.

Según estas teorías, se podía clasificar a los seres humanos por su temperamento de esta forma:

– Las personas flemáticas son reflexivas, justas, tranquilas, sin gran capacidad de compromiso, adoran la buena vida y un poco perezosas.

– El melancólico es inquieto, muy reflexivo, inestable y ansioso. Adora el silencio y la soledad, se olvidan de su entorno y se distraen fácilmente. Tiene un temperamento triste, bastante susceptible y dado a las actividades artísticas.

– El sanguíneo es alegre, enérgico, vigoroso, con potencia. Son personas de buen humor, apasionados y que brindan confianza. Los rasgos del temperamento sanguíneo son la seguridad en sí mismos, la alegría, el optimismo, la expresividad y la sociabilidad.

– Y por último, el colérico es perseverante, rápido en sus decisiones, aspira a lo grande, activo y extrovertido. Son personas ambiciosas, individualistas y exigentes consigo mismas. Posee un temperamento apasionado, con enorme vitalidad y dado a enojarse con mucha facilidad.

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