Entrevista a Jorge Gutiérrez: “en el sexo digital nada es suficiente”

Entrevista a Jorge Gutiérrez: “en el sexo digital nada es suficiente”

Si hay un fenómeno al alza del que no se habla aún lo suficiente es el relativo a la adicción a la pornografía online. El sexo digital está ahí, escudado en el anonimato, alterando los estilos de vida, las relaciones de pareja y afectando al desarrollo neurológico y sexual. Jorge Guitiérrez Berlinches, autor de La trampa del sexo digital, nos lo explica en su libro.

Cada vez son más las personas que derivan en un uso compulsivo y descontrolado de este contenido. Porque en este tipo de adicción, tal y como nos revela Berlinches, nada es suficiente. El cerebro necesita cada vez más estímulos, el ansia nunca se satisface y el impulso por estar conectado aumenta.

Los efectos de la pornografía sobre la salud sexual y psicoafectiva son inmensos. Sin hablar de la normalización de prácticas que perpetúan el sexismo o la violencia a la mujer y que terminan interiorizando los adolescentes. Es momento de comprender y visibilizar una problemática que subyace en nuestra sociedad y que es necesario reformular.

Los efectos y las consecuencias del sexo digital

Jorge Gutiérrez Berlinches es periodista e impulsor de la ONG Dale Una Vuelta. Se trata de una asociación de profesionales especializados que ofrecen información sobre la pornografía y sus efectos. Asimismo, también ayudan a personas a salir de situaciones de adicción e intentan concienciar por redes sociales sobre los riegos del porno online y la necesidad urgente de promover una educación afectiva y sexual de calidad.

La trampa del sexo digital es su primer libro. En él, profundiza de manera extraordinaria en esta problemática social que nos atañe a todos. Asimismo, ofrece prácticas claves para educar sin miedo a nuestros hijos en una sexualidad saludable y enriquecedora. Jorge Guitierrez es también profesor del Máster de Educación Emocional de la UNIR (Universidad en Internet) y uno de los impulsores del Foro de comunicación política Forocompol en 2010.

En nuestra entrevista con él, profundizamos sobre los efectos del sexo digital con el objetivo de crear mayor conciencia social sobre esta problemática.

P. El aumento de las adicciones es una realidad, tanto comportamentales como a sustancias, ¿a qué crees que es debido?

Hay muchas razones para pensar que estamos en el siglo de las adicciones. Un marcado narcisismo, que pide éxito y apariencia social; el individualismo, caldo de cultivo para generarse dependencia; internet, que permite la inmediatez y el anonimato; la confusión entre placer y felicidad y, cómo no, la soledad, cada vez más presente en nuestra sociedad.

P. En este escenario, la adicción a la pornografía tiene cada vez más protagonismo, ¿por qué?

La pornografía actual no tiene nada que ver con la de hace 20 años. Ni por volumen ni por contenido ni por consumo. El sexo digital gratis, que puedes disfrutar en casa, como quieras y cuando quieras, no tiene límites. Y si quieres algo más, que lo querrás, empiezas a pagar un poco, pero siempre accesible a cualquier bolsillo.

La novedad es un concepto clave para entender esta adicción. Se puede decir que la dopamina, la neurona del placer, es su pareja de baile preferida. Y disponemos de millones de vídeos e imágenes sexuales diferentes.

Un chico me contaba que “pasaba mucho tiempo buscando minuciosamente el vídeo que más me excitara, y cada vez debía a acudir a imágenes más fuertes, ya que no cualquier imagen me producía placer”.

Chico mirando sexo digital con su móvil

P. En el libro hablas de la adicción al porno como la adicción perfecta, ¿por qué?

Además de lo dicho antes respecto al factor “novedad”, hay una nota muy propia de esta adicción: es muy silenciosa, anónima y vergonzante, lo que la hace pasar oculta durante muchos años. Estamos hablando de unos los placeres más intensos del ser humano, el sexo.

Por otra parte, al ser un consumo “visual”, una conducta, puedes dedicarle mucho tiempo, algo que no ocurre con las adicciones a sustancias. Y para poner una guinda, se puede hablar de una adicción doble, ya que se une el uso de las pantallas, de internet, con el de la pornografía. Como ves, un verdadero cóctel.

P. ¿Qué señales pueden indicar una adicción a la pornografía?

Como en cualquier trastorno adictivo, es primordial detectar cuando uno no puede parar de realizar esa acción, si existe un síndrome de abstinencia -físico, psicológico o ambos a la vez- y el factor tolerancia, que indica si cada vez necesitas un consumo más frecuente o más extremo.

Otra señal de alarma es cuando uno es consciente del mal que se está causando a sí mismo y a los demás, pero prefiere seguir adelante con sus hábitos. En fin, podríamos hablar también de la búsqueda frecuente de aislamiento, dejar de lado aficiones y amistades, y por supuesto a mayor consumo de pornografía, en el caso de los hombres, menos interés por el sexo real y por las mujeres reales.

P. Varios expertos hablan de la escalabilidad en el consumo de pornografía. Parece que la tendencia es buscar más y que sea distinto, ¿qué nos puedes decir sobre esto?

Tiene mucho que ver con esa búsqueda continua de novedad, en la que la propia búsqueda ya es excitante y forma parte del ritual del adicto. El sistema de recompensa ya está actuando antes incluso de encontrar lo que uno busca; es más, a veces hay más placer en el propio camino que en la meta, el visionado del contenido erótico.

A veces, nos pide ayuda gente que nos cuenta que “no se reconoce” o “no le representa” el vídeo que ha visto o buscado. Se dan cuenta de que han ido muy lejos, atraídos por ese imán de la búsqueda de un placer diferente y más intenso. Y es un círculo que no se cierra nunca…

P. ¿Es posible consumir porno sin tener consecuencias negativas?

Cada uno debe reflexionar y sacar sus consecuencias. En la asociación Dale Una Vuelta vemos muy a menudo que incluso hay efectos negativos en aquellas personas consumidoras ocasionales que no presentan un gran problema de adicción.

Hablamos de cosas más sencillas, por ejemplo, en el descenso de atracción que sienten hacia las personas normales de a pie, ya que la mente establece un patrón en el que la mayoría de las personas del entorno ya no son tan atractivas al haber elevado el nivel de exigencia de atracción física. Incluso baja la autoestima al haber consumido pornografía.

P. Pornografía y realidad virtual, ¿qué opinas de este fenómeno?

La pornografía es la reina de los avances tecnológicos; siempre va un paso por delante, y de su mano han llegado nuevos inventos y progresos, desde las mejoras en calidad de imagen, hasta las pasarelas de pago o la velocidad de internet. También ahora, en el caso de robots y muñecas sexuales, realidad aumentada o virtual.

La pornografía busca lo más real, lo más perfecto, lo más sensorial. Y lo están consiguiendo. Pero nada será igual que un abrazo o una caricia de un humano.

P. ¿Cómo afecta el consumo de pornografía a las relaciones de pareja?

La mujer es la gran perdedora. Por una parte, porque un consumo frecuente de pornografía puede afectar a la propia satisfacción sexual de la pareja. No son pocos los hombres a los que se les encienden todas las alarmas y ahí es cuando piden ayuda, al ver que no experimentan atracción por mujeres reales, por sus propias parejas. Esto les hace sufrir a ellos y a ellas.

Otro aspecto poco estudiado, pero también muy frecuente, es el dolor inmenso que tantas mujeres sienten cuando descubren que su pareja ve pornografía. Para muchas es una traición, una infidelidad. Su autoestima se derrumba y la desconfianza se agiganta. Por estas mujeres, como un lugar de acogida, de reflexión y compañía, creamos en nuestra asociación el proyecto Nosotras, con testimonios, recursos y un canal de ayuda y un foro.

P. ¿Y a uno mismo?

Depende de numerosos factores, cada persona es un mundo, y en muchas ocasiones está unida esta adicción a otros trastornos como la ansiedad, el TDHA, la depresión, etc. A mi juicio, lo importante es no medir si me afecta mucho, poco o nada; sino preguntarse con honestidad qué me está aportando este consumo, qué beneficios obtengo, qué precio estoy pagando por estas dosis de placer. En fin, ¿es la sexualidad que realmente quiero vivir?

P. En tu opinión, ¿qué podemos hacer para proteger a los menores de los efectos de la pornografía?

Hablar, hablar y hablar. La educación sexual deben enseñarla en primer lugar los padres, poco a poco, en la vida diaria, desde los 5 o 6 años. Y que se sientan queridos, que vivan un clima de confianza con ellos, y para esto hay que dedicarles tiempo, aunque sea un bien muy escaso. ¿Busco momentos para estar -así, “estar”- con este hijo, o esta hija, y preguntarle por sus cosas y contando también yo asuntos personales a su nivel?

Después, tres ideas muy elementales que pueden protegerles de un alto porcentaje de contenidos sexuales: un control parental en los dispositivos, más o menos flexible; evitar que duerman con el móvil o la tablet; y ayudarles a usar la tecnología de modo positivo, aunque esto exige un poco de creatividad y constancia también por nuestra parte.

P. ¿Qué puede hacer un padre si descubre que su hijo ve este tipo de contenido?

Como se dice a menudo, ver una oportunidad en medio de una crisis. No es malo descubrirle viendo estos contenidos, lo realmente peligroso sería que lo hiciera y no nos enterásemos.

Cuando llega este momento, no hay que impacientarse, y mucho menos enfadarse. Es la hora de la escucha, de preguntar sin interrogar, de comprender sin juzgar. Debe convertirse en una conversación que de pie a otras muchas en las próximas semanas o meses.

Lo primordial es dejar abierta la puerta, y solo lo conseguiremos si nos ven con ganas de ayudar, de responder; incluso si les pedimos perdón por no haber llegado nosotros a tiempo.

Padre hablando con su hijo

P. En el libro mencionas que a día de hoy hay una inflación del sexo, este se vende como un producto, ¿cuáles son las consecuencias?

Las consecuencias serán diferentes para unos y otros, en el sentido de cómo valoremos la sexualidad. En cualquier caso, si el sexo se desliga de la belleza de una relación, de la búsqueda de intimidad o de una comunicación afectiva, al final solo nos queda la búsqueda acelerada del placer como único objetivo. Y, por tanto, abrimos la puerta a la violencia, a las prácticas de riesgo, a la cultura del no consentimiento y el no respeto. Un sexo centrado en uno mismo.

P. ¿Cuál es la diferencia entre el sexo y el porno?

La pornografía es sexo pixelado: nos perdemos infinidad de matices, de aristas, de la otra persona. El porno lleva a la distorsión de la sexualidad y la distorsión de la sexualidad lleva a la pornografía. En palabras de la socióloga Gail Dines, no se puede ser pro sex y pro porn a la vez: hay que elegir.

P. Para finalizar y a modo de resumen, ¿cuál es la trampa del sexo digital?

Es una trampa porque en el sexo digital nada es suficiente. Parece que te sacia y te deja insatisfecho; te da placer, pero no felicidad; te libera y al mismo tiempo te ata. Además, la pantalla da una falsa sensación de seguridad, de distancia, de irrealidad, de que nada nos va a afectar tanto en definitiva.

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