El motivo por el que puedes sentir náuseas después de hacer ejercicio

El motivo por el que puedes sentir náuseas después de hacer ejercicio

El ejercicio físico es fundamental para nuestro bienestar. De hecho, hay muchos estudios que avalan una serie de efectos beneficiosos instantáneos que tiene sobre nuestra salud y especialmente nuestro estado anímico. Pero, con todo, algunas personas experimentan algo paradójico: se encuentran mal después de hacer ejercicio o al hacerlo.

¿Qué provoca estas náuseas?

Concretamente, es relativamente frecuente que muchas personas sientan náuseas después de una sesión de ejercicio. Afortunadamente para los afectados, en la mayoría de los casos no hay motivo para alarmarse y el problema tiene fácil solución.

Hay varias razones por la que esto puede estar sucediendo, tal y como explica un artículo en el medio The Conversation.

Por una parte, debemos tener en cuenta los procesos que tienen lugar en el cuerpo cuando nos ejercitamos. Entre ellos, está la redistribución del flujo sanguíneo: debido a que el esfuerzo en los músculos eleva la demanda de oxígeno, nuestro organismo va a destinar más sangre a ellos y, para que eso sea posible, va a reducirla en otras partes.

Uno de los sistemas preferentes para obtener esa sangre adicional es el digestivo, cuya función nuestro organismo estima menos urgente que la motriz en el momento del ejercicio.

Si hemos comido recientemente y nuestro estómago está trabajando, una disminución en el flujo sanguíneo se traduce en una falta de oxígeno en los músculos gástricos, que se encontraban activos en ese momento, lo que puede causar las náuseas.

A eso se suma que, para lograr más oxígeno, el cuerpo incrementa la frecuencia respiratoria y el volumen de aire inhalado, para lo cual necesita movimientos más amplios y fuertes en los músculos que controlan la respiración y, entre ellos, en los abdominales. Esto comprime de manera rítmica los órganos del vientre, lo que contribuye a la sensación de náuseas.

La importancia de esperar

La solución más lógica, por tanto, está en cuidar cuándo y qué comemos antes de hacer ejercicio físico. Deberemos evitar ponernos a realizar grandes esfuerzos mientras el estómago se encuentre aún muy activo.

Una buena cifra para asegurar que el estómago ha terminado su trabajo antes de arrancar a correr estaría en esperar dos horas después de la comida, ya que ese es el tiempo que lleva aproximadamente a nuestro estómago procesar la comida sólida.

No obstante, también deberíamos prestar atención a qué comemos, ya que unos alimentos suponen más trabajo para nuestro estómago que otros. Es el caso de las comidas con alto contenido en grasas, fibra o incluso proteínas.

De hecho, los suplementos de proteínas, como los presentes en los batidos, pueden incrementar la posibilidad de sufrir náuseas al realizar ejercicio físico si se toman justo antes.

Lo mismo sucede con las grasas saturadas, que además irritan ciertos tejidos del tracto digestivo.

En este sentido, los mejores alimentos serían algunos como los hidratos de carbono de alta calidad (por ejemplo, los plátanos), ciertas proteínas en cantidades moderadas y las grasas insaturadas (como las presentes en los frutos secos), que no sólo proporcionan energía al cuerpo sino que además son fáciles de digerir. Y, aún así, no está de más esperar un tiempo entre la comida y el ejercicio.

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