El duelo, cómo lidiar con la pérdida de un ser amado

La pérdida de un ser amado es una instancia de la vida por la que la gran mayoría de las personas hemos pasado o pasaremos en alguna etapa de nuestro transcurrir.

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El pesar, la congoja, el extremo dolor, la angustia y la pérdida de interés por todo lo que nos rodea, son sentimientos sumamente genuinos que debemos transcurrir al atravesar esta etapa. Lo sano, claro está, es no reprimir ninguna de estas sensaciones, y dejar que se expresen de forma natural para así exteriorizarlas e ir sanando el dolor de nuestra pérdida.

Según Sigmund Freud, dos cosas existen en nuestra vida que son sumamente difíciles de asimilar y por tanto elaborar por el propio psiquismo: una de ellas es la sexualidad, la otra, la muerte.

Y si nos referimos a la segunda de estas cuestiones, debemos entender que nuestra consciencia no está y no creemos que lo estará al menos prontamente, preparada para asimilar la muerte. Ni la propia y tampoco la de un ser querido.

La gran pregunta que surge en este aspecto e0s tratar de entender que cuando hablamos de muerte lo hacemos como sinónimo de pérdida. Entonces hay que pensar ¿qué es lo que perdemos?

La cuestión biológica de la desaparición física de una persona nos deja un vacío doble en nuestro interior que responde a la pérdida de lo que era esa persona para nosotros y a su vez lo que éramos nosotros para esa persona. Con respecto a lo demás, las creencias religiosas sobre lo que sucede o no tras la muerte física de una persona intentan calmar en parte nuestras dolencias y tratar de explicar un poco más lo que nos negamos a entender en esos momentos.

La realidad es que este proceso sumamente doloroso lleva tiempo. Es necesario permitírnoslo porque de lo contrario la represión de esos sentimientos nos conllevará males peores en el futuro. La necesidad de expresarnos libremente, dejando rienda suelta a nuestros sentimientos, será una manera saludable de hacer catarsis al respecto.

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Debes saber que este proceso puede tornarse largo y más aún para nuestra percepción, que en definitiva es lo que cuenta por estar atravesándolo. Y a la vez contará con varias etapas: negación, ira, negociación, depresión, y finalmente, aceptación o rechazo.

Generalmente, las personas no estamos preparados para los cambios bruscos y menos aún si estos cambios son para peor. Nos cuesta asumir, en este caso, la ausencia física de alguien. Hay quienes logran atravesar este duelo con mayor rapidez que otros, pero la realidad es que cada uno tiene sus tiempos y es preciso respetarlos.

Pues bien, una forma sana de sobrellevar el duelo es poder hablar al respecto sobre esta usencia física. No negarnos a recordarla, dejarla siempre presente y saber rememorar momentos de felicidad que hayamos compartido con ese ser amado. Los aprendizajes, las cuestiones que nos supo legar, los momentos felices y de amor.

Debemos ser conscientes que las personas amadas y que nos enseñaron y acompañaron en nuestras vidas, jamás “mueren” completamente porque su recuerdo y legado permanece en nuestro interior. Nos “protegen” en nuestro camino y decisiones y es sano y seguro poder sentirnos de esa manera.

 

 

 

 

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