Eduardo Vara, pediatra: «La función de los cuentos es introducir a los niños en el mundo real de una manera más amable»

Eduardo Vara, pediatra: «La función de los cuentos es introducir a los niños en el mundo real de una manera más amable»

¿Por qué nos gusta tanto que nos cuenten historias? ¿Por qué unas historias no emocionan y otras no nos interesan para nada? Eduardo Vera, un pediatra apasionado de la narrativa, responde a esta y cuantas preguntas en su libro ‘Érase una vez el cerebro’, un ensayo a medio camino entre lo científico y lo humanístico, lo divulgativo y lo novelesco que nos hará recorrer un apasionante viaje de la mano de la neurociencia y la ficción.

¿Cómo acaba un pediatra escribiendo un libro sobre las historias, narrativa…? Yo soy pediatra, y en pediatría tenemos bastante formación neurológica porque tenemos que estar muy atentos a posibles problemas del desarrollo en el niño. Además, he leído muchos artículos y libros del tema, que me apasiona, siempre me han encantado la historias, tengo formación en dramaturgia, edición… Leyendo un libro sobre neurolingüística, me di cuenta de que todavía se podían contar muchas más cosas sobre la influencia de la narrativa y de cómo muchas cosas que hacemos de pequeños, incluso de bebés, explican cosas que todavía hacemos de adultos, así que me decidí a escribir un libro sobre eso.

Aunque en tu libro lo explicas ampliamente, ¿nos podrías resumir por qué a nuestro cerebro le gustan tanto las historias? Nuestro cerebro tiene muchos sesgos que influyen en nuestras decisiones. Uno de ellos es el sesgo de información, que nos lleva a buscar información más allá de lo lógico porque pensamos que así vamos a estar más adaptados para tomar mejores decisiones. En el libro pongo el ejemplo de cuando a comprarnos una televisión, que nos ponemos a mirar distintos modelos, características técnicas, tamaños…aunque no entendemos nada y aunque solo nos quepa una por el espacio que tenemos en casa. Buscamos información por la mera necesidad de informarnos. Esa necesidad nos lleva incluso a buscar información en las historias de ficción, historias que sabemos que no son reales, pero donde podemos encontrar patrones aplicables a la realidad, porque al fin y al cabo están contadas por personas y que se desarrollan en escenarios que, aunque hipotéticos, podrían aportarnos algo interesante.

¿Dirías que las historias son buenas para nuestro cerebro? Son buenísimas… Solo son perjudiciales si nos encerramos en ellas sin estar en contacto con el mundo exterior, pero la ficción nos aporta cosas muy interesantes. Cada historia es como una pequeña maqueta del mundo real que nos hace ver las cosas con más distancia, y a veces lo hace tan bien, que nos puede hacer incluso reconocer errores que si alguien en la vida real nos señalara nos haría sentir mal y no le haríamos caso. Michael Ende, el autor de ‘La historia interminable’, decía que la ficción no es una manera de ver la realidad, sino una manera de acercarnos a ella de una manera más amable. Nos ayuda a tener una perspectiva más tranquila porque no son sentimos responsables de lo que les está pasando a los personajes, nos ayuda a poner a distancia con los problemas.

Los cuentos están muy presentes sobre todo en la infancia. ¿Son más beneficiosas aún las historias en los niños? Las palabras articulan nuestro pensamiento, y eso nos ayuda a comprender y poner nombre a conceptos abstractos, algo que es aún más necesario en los niños, por eso son tan interesantes libros como el de ‘El monstruo de los colores’, donde se asocian colores a las emociones. Para un niño explicar qué es estar triste, por ejemplo, es muy complejo, pero si le damos herramientas a través de un color, un determinado personaje, una palabra… lo van a entender mucho mejor. En el caso de los cuentos para los niños, al hecho de asociar conceptos, se suma que aprender mejor a través de historias. Por ejemplo, todo el mundo sabe que el mensaje de Caperucita es que no se puede confiar en los extraños… La función de los cuentos es precisamente esa, introducir a los niños en el mundo real de una manera más amable.

“Michael Ende, el autor de ‘La historia interminable’, decía que la ficción no es una manera de ver la realidad, sino una manera de acercarnos a ella de una manera más amable”

Dices que ‘después de un periplo de centenares de milenios de años, seguimos siendo unos fanáticos de las narraciones. Pero no nos conformamos con cualquiera’. ¿Qué tiene que tener una historia para que nos guste, nos enganche? Hay elementos propios de las historias que hacen que nos interesemos, como que el protagonista tenga ante sí algún tipo de desafío, nos tienen que emocionar, tienen que ser un viaje o una aventura que transforme al personaje… Y luego ya depende del contexto que nos rodea. Una historia puede parecer en un momento determinado, ser muy buena historia, pero por determinadas circunstancias que hay alrededor, no acaba de enganchar.

Ni los mayores expertos en crear historias pueden saber a ciencia cierta si una historia gustará… Las historias no dejan de ser apuestas que pueden funcionar o no dependiendo de la realidad que las rodea, y muchas son impredecibles. Por ejemplo, en el contexto de los últimos años, con la pandemia, la guerra en Ucrania… puede hacer creadores que apuesten por historias hablando de estos temas creyendo que a la gente les van a interesar cuando en realidad puede ocurrir lo contrario, que huyan de esos temas porque tienen demasiado de eso ya en la realidad.

¿Cómo influye, por ejemplo, la cultura, en país en el que nacemos… en cómo percibimos las historias? Es fundamental, porque, para empezar, cada lengua define la realidad de una manera distinta, cada cultura escoge unas palabras, en una especie de acuerdo colectivo, para definir la realidad, y al definirla de una manera concreta, estamos viendo el mundo de una manera muy concreta. Por eso es tan enriquecedor estar en contacto con otras culturas y otras lenguas, porque aprendemos maneras alternativas de definir y ver la realidad.

En esta época tan audiovisual, ¿cómo nos llegan más historias: si las vemos, si las escuchamos o si las leemos? Las audiovisuales juegan con una gran ventaja porque a nuestro cerebro se lo dan todo masticado, solo tiene que poner el oído y la vista, y eso las hace más accesibles. Sin embargo, las historias a las accedemos a través de la lectura, nos obligan a descodificar un código, a imaginar… y eso hace que, a la larga, las recordamos mejor porque las hemos tenido que fabricar a través de nuestros propios recursos.

¿Y la música? Por lo que cuentas, parece que nuestro cerebro se prepara antes para la música que para el lenguaje… La música es un lenguaje todavía más básico porque apela a las emociones. Además, dentro del lenguaje hay un componente musical que es la prosodia, que es cómo entonamos las frases cuando las pronunciamos. Cada lenguaje tiene su propia prosodia. Lo primero que escuchan los bebés dentro del útero es la voz de su madre, no a la perfección, pero sí la prosodia. Por eso, nada más nacer, irán directos siempre a escuchar la voz de si madre…

¿Qué mecanismos biológicos intervienen en cómo recibimos las historias? Sobre todo, a nivel hormonal, porque intervienen unas cuantas. La más importante es la dopamina, una hormona que nos produce placer de determinadas maneras, como comer, estar cerca de la persona que amamos… En las historias, cada vez que reconocemos patrones o percibimos la musicalidad del lenguaje segregamos dopamina; el humor en las historias, además de dopamina, estimula la oxitocina, las endorfinas… Las de terror, en cambio, nos pueden afectar de dos maneras: hay personas que interpretan el subidón de las historias de miedo con dopamina, y otras que no las toleran porque les genera malestar porque lo que les aumenta es el cortisol, por ejemplo.

"La función de los cuentos es introducir a los niños en el mundo real de una manera más amable"

Y el humor, ¿por qué nos engancha tanto? El humor es el gran ejemplo de cómo las historias son una manera amable de acercarnos a la realidad. El humor nos hace reconocer un patrón a través del absurdo, algo que hace que aumenten todavía más la dopamina, el placer, pero también oxitocina, una hormona que tiene que ver la hermandad, con la sensación de pertenencia al grupo… por eso el humor están tan presente en la humanidad desde siempre. Y también tiene la parte de la corrección cognitiva, el humor nos muestras nuestros errores de una manera aún más amable y nos ayuda a cambiar esas ideas que teníamos mal integradas en nuestra cabeza.

¿Seguirás escribiendo? Entre la promoción del libro y mi trabajo y no tengo mucho tiempo de ponerme, pero tengo muchas ideas en la cabeza, así que es probable que, cuando tenga tiempo, que vuelva a poner a escribir.

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