Curiosidades sobre el punto G

Curiosidades sobre el punto G

Millones de hombres y mujeres en todo el mundo se jactan de conocer su ubicación exacta, pero solo unos pocos exploradores la han encontrado. El punto G es sin duda uno de los mayores enigmas de los últimos siglos, uno que aún se discute acaloradamente por los científicos.

En la cultura popular, el punto G ha sido un inusual protagonista. Ha sido el personaje principal de miles de libros, monólogos de comedia y referencias en películas y series. Casi todo lo que se sabe al respecto de él está completamente tergiversado, algo que descubrirás en las próximas líneas. Prepárate porque las curiosidades sobre el punto G seguro te sorprenderán.

5 curiosidades sobre el punto G

El punto lleva su nombre en honor a Ernst Grafenberg, un médico y científico alemán especializado en ginecología y obstetricia. Grafenberg realizó estudios sobre las zonas erógenas femeninas, aunque lo hizo sobre la base de otros investigadores antes que él. Ya en el siglo XVII, Regnier de Graaf había descrito la eyaculación femenina y una zona erógena en la pared vaginal.

Sea como sea, el término punto G se hizo popular a raíz de un artículo publicado en 1980. En él se describe un caso de eyaculación femenina relacionado con la estimulación de una zona en la pared de la vagina. Desde entonces, el susodicho lugar pasó a llamarse punto G, y ha servido de inspiración para miles y miles de artículos, libros, ensayos y otras producciones.

Lo anterior sirve para clarificar dos cosas: en primer lugar, que siempre se ha especulado sobre la existencia de una zona específica particularmente erógena en la vagina; en segundo lugar, hablar sobre el punto G es un fenómeno comercial. Ciertamente, todos quieren saber dónde está, cómo se siente y cómo encontrarlo; motivo por el cual se publica tanto material al respecto, vídeos, artículos, libros y demás.

Con todo esto como preámbulo, ya estás listo para conocer algunas curiosidades sobre el punto G. Hemos tenido como referencia solo información avalada por los científicos, a pesar de que en muchos casos esta es contradictoria. Presta atención para que descubras qué es verdad y qué es mentira en relación con el punto G.

Mujer en la cama sonriendo por orgasmo
El punto G todavía es un misterio, ya que no existe un consenso entre los expertos.

1. Su existencia no está probada por los científicos

Empezar una recopilación de curiosidades sobre el punto G negando su posible existencia es el ejemplo perfecto de por qué este asunto es más complicado de lo que se piensa. Los expertos y los investigadores coinciden en que no existe evidencia concluyente que respalde la hipótesis del punto G. No existe un consenso sobre su ubicación, su tamaño o su textura, de modo que la zona es todavía un misterio.

Dadas las opiniones que se tienen al respecto, algunos especialistas proponen desechar el término punto G y reemplazarlo por complejo clitouretrovaginal. Este hace referencia a un área funcional, dinámica y dependiente de hormonas, que comprende el clítoris, la uretra y la pared vaginal.

La discusión no está del todo cerrada, ya que cada año se publica la misma cantidad de artículos defendiendo su existencia que desestimándola.

2. La estimulación es en parte psicológica

La evidencia indica que cerca del 50 % de las mujeres no cree en la existencia del punto G. Quienes sí lo hacen tienen una mayor percepción de sus genitales, relaciones sexuales con mayor frecuencia y una valoración saludable de su función sexual. Los expertos han encontrado que con frecuencia las mujeres que creen en su existencia paradójicamente no pueden localizarlo oportunamente.

Por todo esto, existe la hipótesis de que la estimulación que se genera en las paredes de la vagina es en parte subjetiva. Esto no implica que no existan zonas erógenas en dichas paredes, sino que el componente subjetivo juega un papel importante. El grado de excitación, comodidad y placer es imprescindible para “encontrar” y estimular el punto G.

3. La eyaculación femenina es un fenómeno real

Aunque también se puede lograr a través de la estimulación del clítoris, a menudo se asocia a la eyaculación femenina con la estimulación del punto G. A pesar de que a todas luces sigue siendo un término controvertido, los expertos lo catalogan como un fenómeno real. Su composición difiere de la orina en cuanto a las concentraciones de urea y creatinina, de modo que es una sustancia diferente.

No se conoce la función específica de este líquido (el fluido seminal del hombre tiene una función, por ejemplo). Dado que cuenta con una importante concentración de antígeno prostático específico, es probable que tenga propiedades antibacterianas en la uretra de la mujer.

Se piensa que la eyaculación se origina en las glándulas parauretrales de Skene, descritas por primera vez por el ginecólogo escosés Alexander Skene.

4. La estimulación podría relacionarse con orgasmos más intensos

Ya hemos establecido que cada orgasmo en gran medida depende de variables subjetivas o psicológicas. A esto hay que añadir además que cada cuerpo es diferente, de manera que no es posible generalizar resultados globales. Al margen de esto, existe evidencia de que la estimulación de las paredes de la vagina se puede traducir en orgasmos más intensos.

Por ejemplo, un estudio publicado en The Journal of Sexual Medicine en 2020 encontró que el 62 % de las mujeres considera más placenteros los orgasmos a través de la estimulación vaginal que los manifestados por estimulación del clítoris. Estos últimos, sin embargo, se pueden desencadenar con mayor rapidez. A pesar de ello, algunos expertos son reacios a utilizar la etiqueta orgasmo vaginal y orgasmo clitoriano.

Como cada cuerpo es diferente, la clave es explorar las preferencias y sensaciones individuales.
 Las mujeres que creen en la existencia del punto G tienen dificultades para localizarlo.

5. El punto G se puede ampliar, pero no se recomienda

Desde hace varias décadas se ofrece un procedimiento para ampliar el punto G, y con ello el placer que se siente durante su estimulación. El aumento es temporal y consiste en inyectar colágeno debajo de la superficie en la que se intuye que se encuentra el susodicho. Tal y como señalan los expertos, la intervención no se recomienda, en parte porque ha quedado establecido que la existencia del punto G es discutible.

El furor sexual en relación con esta zona ha creado una excesiva dependencia de ella. Muchas parejas omiten otros canales de estimulación y, al no lograr el placer en esta área, su intimidad se reduce a insatisfacción, inseguridades y angustia. Es por esto que se puede recurrir a procedimientos como estos, los cuales pueden generar más de una complicación: infecciones, disfunción sexual, dispareunia (dolor) y demás.

Todo lo que has descubierto en las anteriores curiosidades sobre el punto G se traduce en varias conclusiones. La primera es que no te debes cerrar a la estimulación en esta área, aunque no debes concentrar todos tus esfuerzos en ella. Los juegos previos y las estimulaciones en otras zonas son igual o incluso más importantes para alcanzar el placer. Optar por lo contrario es ser reduccionista.

La segunda conclusión es que se debe dejar a un lado la presión social, cultural y mediática en torno al punto G. Esto puede llevar a apostar por procedimientos poco saludables, también a experimentar disfunción sexual. Lo más importante es que se explore el propio cuerpo y que se apele por estimular aquellas zonas donde cada persona encuentra mayor excitación.

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