Cuando nos tocan la moral, un daño auténtico

Cuando nos tocan la moral, un daño auténtico

El daño moral es una herida, un embiste de nuestro entorno hacia nuestro sistema de creencias, principios y de valores. ¿Tienes un trabajo en el que debes hacer cosas que van en contra de tus principios? Eso es un golpe a tu moral. ¿Mantienes una relación en la que tu pareja boicotea tus opiniones? También esto te toca y te fractura la moral.

Estamos ante un tipo de dinámica de la que no se habla demasiado. Es más, si hay un colectivo que padece esta realidad psicológica son los profesionales sanitarios. Muchos de ellos se ven en la tesitura de tener que enfrentar importantes dilemas éticos en medio de un sistema de salud que, a menudo, les falla. No siempre pueden desempeñar su labor como realmente desean.

Los hospitales y los centros de salud evidencian muchas carencias y esto hace que la atención no siempre sea la adecuada. Aunque el médico, la enfermera o el auxiliar quiera, no siempre pueden dar lo mejor de sí. Y esto ocasiona un sufrimiento inmenso.

Una investigación de la Universidad de Foggia y el Instituto de psiquiatría, de Crespigny Park, en Londres, nos dan un dato impactante. El índice de médicos que optan por quitarse la vida dobla al de la población general. El desgaste mental y el aniquilamiento que genera al propio sistema de valores es inmenso. No descuidemos ni infravaloremos esa carcoma, esa forma de agotamiento y de tristeza corrosiva. El daño moral puede destruirnos.

“Vivir en contradicción con la razón es el estado moral más intolerable”.

-León Tolstoi-

Un hombre triste mira sentado en la sala por el balcón de su casa pensando en cuando nos nos tocan la moral
La violación a los valores que tenemos profundamente arraigados sacude nuestra identidad.

¿Qué ocurre cuando nos tocan la moral?

Las personas no somos aquello que tenemos, somos por encima de todo aquello en lo que creemos. Por ello, cuando nos tocan la moral sucede algo más que sentirnos ofendidos o molestos. Cuando se ataca o se contradicen los valores que tenemos arraigados en nuestro ser, se quiebra el núcleo de nuestra identidad y nuestro autoconcepto. Nada puede ser tan lesivo.

Por otro lado, no podemos negar algo evidente. Vivimos un momento de tensión moral constante que socava por completo nuestros principios fundamentales y aquello que consideramos ético. La guerra, en cualquiera de sus formas, por ejemplo, es un atentado contra la moral. También las injusticias, las discriminaciones, la falta de libertad…

Todos sabemos qué se siente, pero quizá no le hemos dado la suficiente importancia. Porque, a veces, no hace falta que nos agredan físicamente o que nos insulten para sentirnos heridos. Contextos como el trabajo, una relación de pareja o un entorno familiar pueden ocasionarnos este tipo de herida. Por ello, es importante escucharnos y detectar sus efectos…

Las amenazas a nuestra integridad e identidad se viven de manera muy similar a las amenazas físicas.

¿Qué síntomas y consecuencias ocasiona?

Cuando nos tocan la moral de manera continuada, el cerebro cambia. Interpreta esta vivencia como una amenaza similar a una agresión física. Es la violación a esos pilares morales que para nosotros son inquebrantales y que, sin embargo, se han venido abajo. Bien por nuestra responsabilidad o por la influencia de terceras personas.

Fallar en el trabajo, cometer un error grave con alguien, hacer algo que va en contra de nuestros valores por presiones externas o estar en una relación abusiva, nos rompe. Son agresiones a la moral que se experimentan del mismo modo que un ataque físico. Así, en estos casos, los efectos suelen ser los siguientes:

  • Aparecen emociones como la culpa, el asco a uno mismo, la vergüenza, la ira, la rabia, la tristeza y la ansiedad.
  • El autodesprecio es un sentimiento constante y muy dañino.
  • Se experimenta una profunda desilusión hacia las instituciones, las personas y nosotros mismos.
  • Aparece una crisis existencial que conduce a menudo a una depresión.
  • Se producen innumerables efectos psicosomáticos: insomnio, dolores musculares, cefaleas, alteraciones gastrointestinales, debilidad, agotamiento, etc.

El daño moral se traduce muchas veces en una “respuesta de estrés agudo”, un efecto similar al trastorno de estrés postraumático.

Hombre haciendo terapia para cuando nos nos tocan la moral
La terapia somática puede resultar útil para tratar las situaciones en las que una persona lidia con un trauma moral.

¿Cómo se sana la herida del daño moral?

Cuando nos tocan la moral durante mucho tiempo, solemos quedar bloqueados. Las emociones son tan intensas y dolorosas que la persona queda como entumecida. Sucedió durante la pandemia. Muchos sanitarios se vieron en situaciones extremas, sin apenas medios y del todo sobrepasados. Sus pacientes no podían ser atendidos en las mejores condiciones y esto dejó secuelas.

El trauma vivido fue (y es) inmenso. Lo mismo sucede con quienes lidian con cualquier otra situación laboral extrema, también con las personas que arrastran vínculos familiares o de pareja dañinos. Un daño moral es distorsionar lo que uno es y en lo que uno cree y esto paraliza.

Por ello, es bueno empezar con la terapia somática, orientada a lograr que esas emociones adheridas al cuerpo y que ocasionan dolor y enfermedades, terminen por exteriorizarse y verbalizarse. Las técnicas de respiración y relajación, de movimientos o estiramientos, logran esa conexión, esa catarsis.

Más tarde, se inicia la terapia conversacional, en la que tratar las experiencias vividas, los pensamientos que las acompañan y las emociones que ocasionan sufrimiento.

Sanar estas experiencias lleva tiempo. La autocompasión y el perdón serán siempre esas aliadas que facilitarán un adecuado viaje de liberación y bienestar.

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