Cuando muchas cosas salen mal al mismo tiempo, ¿qué podemos hacer?

Cuando muchas cosas salen mal al mismo tiempo, ¿qué podemos hacer?

Hay épocas en las que derivamos en una espiral de infortunios y fatalidades. Cuando muchas cosas salen mal al mismo tiempo, es común experimentar cierta indefensión. La mente se bloquea y asumimos en ocasiones que no tenemos control sobre ningún evento. Y es precisamente esa percepción la que deberíamos evitar a toda costa por nuestro propio bienestar.

Algo que siempre deberíamos asumir es que los ciclos de “mala suerte” existen y son algo normal. No debemos atribuir a tales circunstancias una explicación sobrenatural o mágica. Evitar el clásico filtrado catastrofista, ese en el que el cerebro se focaliza únicamente en los problemas y deriva en el pesimismo crónico, es casi una prioridad.

Son muchas las personas que han sobrevivido y afrontado con éxito estos eventos tan impactantes. Experiencias como perder el trabajo, sufrir el abandono de la pareja, lidiar con problemas económicos y hasta de salud son algunos ejemplos de todas esas cosas que, de pronto, pueden suceder en un mismo momento temporal.

“Un halo de fatalidad había dejado su marca en él. Se movía despacio, a menudo abstraído aparentemente en sus cavilaciones, o en su imaginación, como si su futuro estuviera predeterminado, y él no ofreciera resistencia”.

-Avenida de los misterios, John Irving

hombre pensando en cuando muchas cosas salen mal
Cuando empiezan a sucedernos varias cosas negativas de manera consecutiva, es prioritario centrarnos en aquello sobre lo que sí tenemos el control.

Estrategias que podemos usar cuando muchas cosas salen mal al mismo tiempo

Cuando salen muchas cosas mal al mismo tiempo, nadie puede ni debe infravalorar nuestra realidad personal. De nada nos servirán mensajes vacíos como «eso no es nada», «tienes que ser más optimista» o «no te preocupes, yo he pasado por cosas peores y todo pasará». No podemos menospreciar la experiencia de cada persona ni asumir que todo se resuelve con actitud positiva.

Bien es cierto que la actitud y el tener esperanza son aspectos decisivos, pero no suficientes. Ante la adversidad concatenada y los eventos negativos persistentes, se necesitan adecuados recursos y habilidades de afrontamiento. Es más, un trabajo de investigación de la Universidad del Suroeste de China advierte de algo importante.

No todo el mundo presenta una adecuada resiliencia psicológica, con la que adaptarse y responder al estrés y la adversidad. Sería necesario que todos desarrolláramos desde edades tempranas habilidades tan básicas como el pensamiento flexible, la resolución de problemas y el afrontamiento emocional. Porque cuando el destino se nos torna caótico y aflora el miedo, es necesario amarrarnos a una mente más hábil, serena y enfocada en soluciones.

Cuando las cosas vayan mal, no dudes en pedir ayuda. Hacerlo no es un acto de debilidad, sino de coraje.

Todas tus emociones son válidas, aceptar para afrontar

Decepción, rabia, tristeza, angustia y hasta miedo. Cuando muchas cosas salen mal es normal y permisible sentirnos abrumados. Nadie, ni nosotros mismos, podemos invalidar o infravalorar lo que sentimos. Nadie es menos competente o válido por experimentar estrés y ansiedad, puesto que no deja de ser una respuesta normal ante una situación anormal.

Por tanto, el primer paso es ser compasivos con nosotros mismos y dar validez a toda emoción sentida. El segundo paso es no dejarnos secuestrar por dichos estados emocionales. La clave está en aceptar lo que sentimos y después aplicar un enfoque flexible y proactivo para buscar soluciones en lugar de quedar bloqueados.

Céntrate sobre aquello sobre lo que sí tienes control

Hay eventos que escapan por completo a tu control. No puedes lograr que tu pareja vuelva contigo si ha dejado de amarte. No puedes controlar la crisis económica, determinadas enfermedades o que ciertas personas actúen como lo hacen. Ante estas cosas solo cabe una opción: aceptarlas.

Sin embargo, sí puedes controlar tu reacción y actuación ante cada evento. Puedes mantener la templanza, mirar las cosas con perspectiva y pensar en qué soluciones puedes aplicar ante cada desafío que se te presenta.

Cuando muchas cosas salen mal al mismo tiempo, debes establecer prioridades

Cuando las fatalidades o infortunios se suceden unos a los otros, no hay que dejarse llevar por el pánico. A veces, la angustia intensa nubla nuestra mente y, entonces, empiezan aparecen más eventos negativos. Como bien hemos señalado, lo más importante es regular nuestras emociones para que nuestros pensamientos estén a nuestro favor y no en nuestra contra.

Decimos esto por un hecho evidente: en el momento en que nos pasan varias cosas negativas, hay que establecer prioridades. ¿Qué requiere ahora mismo toda nuestra atención? ¿Qué debería resolver y qué debería dejar pasar? Hacernos una lista y meditar en esas variables es algo esencial.

Pedir ayuda es una estrategia inteligente y necesaria

Cuando muchas cosas salen mal al mismo tiempo, hay que asumir que a veces nosotros no podemos con todo. Es vital poder apoyarnos en personas válidas capaces de darnos confort, ayuda y comprensión sin juzgarnos.

Nada es tan enriquecedor como compartir nuestros miedos y ansiedades con alguien y aliviar cargas para, de pronto, ver las cosas con nuevos enfoques.

Mujer pensando en cuando pasan muchas cosas salen mal al mismo
Como dijo Einstein, no podemos resolver los problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando se crearon.

El ciclo de la negatividad se romperá con soluciones innovadoras

Cuando muchas cosas salen mal al mismo tiempo, hay que aplicar un nuevo enfoque mental. Algo debe cambiar en nosotros para poder afrontar ese conjunto de desafíos que tenemos por delante. No podemos emplear los mismos esquemas de pensamiento que aplicábamos cuando los problemas sucedieron.

Es momento de desarrollar una perspectiva más proactiva e innovadora que nos permita mejorar las cosas ahí donde sea posible, y aceptar esas otras sobre las que no podemos hacer nada. Solo una mente flexible puede encarar todas esas variables complejas que, en ocasiones, atascan nuestro devenir y nuestro bienestar.

Por último, y no menos importante, recordemos siempre que ningún momento difícil dura para siempre. La vida son épocas y, efectivamente, algunas tienen el sabor de la adversidad, pero en nuestras manos está transitarlas del mejor modo posible.

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