Cómo educar con una disciplina positiva

Cómo educar con una disciplina positiva

¿Alguna vez os habéis preguntado cómo podemos disfrutar educando a nuestros hijos e hijas? ¿Entender qué hay detrás del mal comportamiento de tu hijo e interpretar esas malas conductas de un modo constructivo para ambos? Dos de las opciones que nos plantea la educación son la crianza respetuosa y la disciplina positiva. En la actualidad, tenemos el reto de aprender a cambiar la mirada para educar desde el respeto mutuo y la colaboración.

A lo largo de la historia, los métodos de educación que venimos arrastrando están arraigados en el empleo de disciplinas punitivas. Estos están basados en el castigo, algo que tiene efectos negativos. Al buscar otras alternativas, los padres se van al otro extremo y dan al niño una permisividad exagerada.

Como una alternativa eficaz a estos dos modelos educativos, surge la crianza respetuosa. Esta se basa en la colaboración entre padres e hijos, en el respeto, implicando al niño en la responsabilidad y autonomía, en el cariño, en la empatía y en la libertad de actuación.

Además, desde el punto de vista de este nuevo paradigma, al igual que el modelo de disciplina positiva, no existen niños malos ni buenos, sino buen y mal comportamiento. Por lo tanto, se trata de transformar la mirada del adulto para educar al niño con amor y respeto.

Padre e hijo hablando felices
La disciplina positiva permite ponerles límites a los niños sin que se sientan atacados.

¿Qué es la crianza respetuosa?

La crianza respetuosa es una posición ética ante la vida que va más allá de un modo de cuidar y educar, es un modo de vivir y relacionarse con los demás a través del respeto. Si queremos personas respetuosas, humildes, libres, felices y honradas, debemos acompañarlas de acuerdo a estos valores y principios para que la práctica diaria les lleve a serlo.

La crianza respetuosa busca responder de forma empática a las necesidades de los niños y comprender sus emociones de acuerdo a su desarrollo. Educar y vivir desde el respeto, el amor, la igualdad; no desde la represión, la amenaza, el grito, el castigo, el chantaje de los premios, la humillación, la acción de ignorarlos, las etiquetas y un largo etc.

Berna Iskandar, una de las impulsoras y difusoras de la filosofía a nivel mundial, explica que la crianza respetuosa propone límites razonables, no punitivos, y normas con sentido -viables según el grado de madurez de los pequeños-. Para muchos, es difícil por carecer de referentes en sus propias infancias desplegadas sobre modelos directivos o en relaciones basadas en la lucha de poder, en la obediencia y el adiestramiento.

Educar con límites

En ocasiones, podemos confundir la crianza respetuosa con dejar al pequeño hacer lo que quiera. No se trata de educar sin límites, sino de estar más cerca de ellos para apoyarles, aceptarles y valorarles, sirviendo de base a su crecimiento y desarrollo.

Un niño necesita que se atiendan sus necesidades y que estemos en conexión con su naturaleza infantil, acercándonos a ella con respeto y amor. Hacer que aprendan a base de premios y castigos, y que vivan infancias controladas va en contra de su naturaleza.

La disciplina positiva

La disciplina positiva es un modelo educativo democrático en el que las normas y los límites se co-crean desde el respeto y el cariño, sin caer en chantajes, castigos o amenazas. Esta forma de relacionarnos con los niños va forjando un apego seguro.

Esta metodología fue creada por Alfred Adler, psiquiatra infantil junto con Rudolf Dreikurs, en los años 20 y ha sido desarrollada por las psicólogas Jane Nelsen y Lynn Lott a partir de los años 80.

La disciplina positiva ayuda a los adultos a entender la conducta inadecuada de los niños, promoviendo actitudes positivas hacia ellos y enseñándoles a tener buena conducta, responsabilidad y destrezas interpersonales.

Padres y maestros no pueden seguir funcionando como jefes y deben adquirir la habilidad de ser líderes democráticos. Este método de educación, enmarcado dentro de la ética de la crianza respetuosa, aporta unas técnicas para los adultos involucrados en la educación de los niños (sean padres, maestros, profesionales del ámbito de la salud y la educación…).

Podríamos decir que es una disciplina efectiva que busca las razones que hacen actuar a los niños de cierta manera y dota a los adultos de herramientas para trabajar sobre esas razones.

Criterios de la disciplina positiva

Por un lado, la crianza respetuosa se guía por los principios de amor incondicional, respeto, igualdad y horizontalidad vincular, la empatía, la responsividad y establecer límites sanos. Por otro lado, la disciplina positiva también se enmarca en estos principios y añade ciertos criterios más concretos:

  • Ayuda a los niños a tener un sentido de conexión (pertenencia e importancia).
  • Es amable y firme al mismo tiempo (respetuosa y alentadora). Ser generoso es fácil para algunos padres, pero se tiene la dificultad de ser firmes. Confundimos autoridad con dominar al otro.
  • Es efectiva a largo plazo (el castigo funciona a corto plazo, pero tiene resultados negativos a largo plazo).
  • Alienta más y alaba menos. Dar ánimos es prestar menos atención a los defectos y poner énfasis en las virtudes. Ver con “ojos positivos” al niño, sin hacerlo dependiente de nuestras alabanzas.
  • Enseña habilidades sociales y de vida valiosas para un buen carácter (respeto, preocupación por los demás, solución de problemas, cooperación, etc.).
  • Invita a los niños a descubrir su valor (fomenta el uso constructivo del poder personal y la autonomía).
  • Ve el error como fuente de aprendizaje.
Mujer hablando con su hijo
En la disciplina positiva, la escucha activa es un elemento esencial.

El error es aprendizaje

La forma en la que un educador responde al error de un niño se reflejará en la calidad de la conexión entre el adulto y la criatura. Todos los comportamientos que desarrolla un niño son fruto de alguna necesidad desatendida que debe ser expresada y cubierta por un adulto.

Los educadores y las familias deben encontrar formas de dar sentido a los comportamientos de los más pequeños y aprender habilidades que sean alentadoras. En fin, lograr el sentido de pertenencia e importancia que forma la base del aprendizaje y así, forjar una autoestima y autoconcepto sanos para su crecimiento.

Una buena relación entre el niño y el adulto requiere tiempo, y también habilidades de comunicación que permitan establecer vínculos de confianza y seguridad afectiva. Así, tanto la crianza respetuosa como la disciplina positiva nos otorgan unas gafas para mirar y unas herramientas para mejorar el ambiente socioafectivo de convivencia y aprendizaje.

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