Agresividad instrumental o depredadora: la violencia en busca de objetivos

Agresividad instrumental o depredadora: la violencia en busca de objetivos

La agresión instrumental es una forma de violencia en la que el objetivo no es precisamente causar dolor físico a alguien. Es algo más sibilino. En este caso, la conducta ejercida es fría, sigue un plan establecido y busca, por encima de todo, lograr una meta. Quien ejerce este tipo de conducta está motivado por refuerzos externos y por una serie de beneficios que espera conquistar.

A la ciencia del comportamiento le interesa de manera particular este tipo de perfil por razones evidentes. Sabemos que para eliminar la violencia, debemos comprender los motivos que la impulsan. Aquella que está desprovista de todo sentido de la moral y que busca en exclusiva obtener beneficios de los demás es la más problemática. También peligrosa.

De este modo, quienes más se valen de esa instrumentalización es la personalidad definida por la tríada oscura. Aquellos que apuntan alto en narcisismo, psicopatía y maquiavelismo, son quienes más suelen manipularnos para obtener beneficios sociales, sexuales y, por supuesto, económicos. Analizamos a este tipo de individuos.

“La violencia es el último recurso del incompetente”.

-Isaac Asimov-

Mujer seria pensando en la Agresividad instrumental
La agresión instrumental es un medio para un fin y, para lograrlo, no se escatiman medios y estrategias.

Agresividad instrumental: definición y características

La agresividad instrumental, a diferencia de la reactiva, controla muy bien las emociones y los impulsos. Nunca responde en caliente. La violencia instrumentalizada es un medio para un fin. Un ejemplo de ello es el delincuente que busca cometer un desfalco o dejar sin ahorros a una víctima tras mantener con ella una relación afectiva.

Un ejemplo clásico que se suele aportar al respecto de esta conducta es la acaecida unos meses antes de los juegos olímpicos de 1994. En las pruebas de patinaje artístico sucedió algo del todo inesperado. De pronto, un asaltante golpeó a la patinadora Nancy  Kerrigan con un bastón de policía a la altura de la rodilla. La atleta quedó magullada, aunque no hubo ninguna rotura y pudo ganar una medalla olímpica.

La investigación reveló la rocambolesca historia que había detrás. La también competidora Tonya Harding contrató junto con su exmarido a una persona para llevar a cabo esa agresión y quitarse del medio a su rival. La personalidad de Harding no solo ha sido objeto de numerosas películas, también de más de un estudio por ser el claro ejemplo de la clásica violencia instrumental.

La agresión instrumental, conocida también como agresividad depredadora, está marcada por comportamientos meditados y meticulosamente planeados que buscan obtener una serie de beneficios muy concretos.

La forma de violencia más sofisticada

La agresividad instrumental tiene repertorio propio de conductas que la diferencian de cualquier tipo de violencia. Bien es cierto que pueden ocasionar un daño social, emocional y físico, pero esa es la consecuencia de usar determinados medios para lograr una meta. Y lo que les importa es lograr “su premio” del modo que sea posible.

Estas son las características la definen:

  • Su comportamiento está orientado a objetivos a largo plazo. 
  • Pueden idear sofisticados planes para conseguir lo que desean.
  • Desde la psicología se sostiene la idea de que la agresión instrumental se entiende a través de la teoría del condicionamiento operante de Skinner (Holland & Skinner, 1961). Es un método de aprendizaje que se consolida únicamente a través de la asociación de refuerzos (recompensas) y castigos con una determinada conducta.
  • Para lograr un fin no dudan en utilizar cualquier medio, aunque sea amoral o delictivo.
  • Siempre se revisten de una posición de autoridad sobre los demás.

Deshumanizar a las víctimas para lograr un fin

Trabajos de investigación, como los realizados en la Universidad de Carleton, nos indican que la agresividad instrumental y la psicopatía están relacionados. Ese comportamiento “depredador” es común en este tipo de personalidad.

Lo más llamativo son los mecanismos mentales que les conducen a aplicar este tipo de violencia tan sagaz, pero meditada al mismo tiempo.

  • Lo que hacen en buena parte de los casos es “deshumanizar a las víctimas”. En sus universos psicológicos desprovisten a las personas de todo atisbo de sentimientos, derechos y necesidades. Esto les facilita recurrir a cualquier estrategia para lograr lo que desean. Engañarán, traicionarán, abandonarán o aplicarán cualquier daño para conquistar lo que desean.
  • Evidencian empatía instrumental. Es decir, sí son conscientes de que los demás sienten, pero no les importa que alguien sufra, sea feliz o esté asustado. Conectar con las emociones ajenas les es útil porque, de ese modo, pueden manipularlas.
  • Hay una clara desconexión moral y una falta absoluta de remordimientos o sentimientos de culpa.

Las personas que usan la violencia instrumental tienden a sustituir emociones como la culpa o la vergüenza por sentimientos como el orgullo. De ese modo, cualquier acto deshonesto cometido para lograr un fin, lo procesan como algo positivo.

chica acusando a chico de Agresividad instrumental
Los desequilibrios en ciertas hormonas, como la testosterona y el cortisol, podrían explicar este tipo de violencia.

Posibles orígenes de la violencia instrumental

¿Cómo explicamos este tipo de conductas? ¿Qué las motiva, qué has hace aparecer en unas personas sí y en otras no? Como siempre sucede en materia comportamental, todo se debe a una combinación de tres dimensiones:

  • Factores medioambientales como la crianza, la educación y el impacto de posibles experiencias traumáticas en la infancia.
  • Factores psicológicos. Tal y como hemos señalado, la tríada oscura de la personalidad se relaciona con la agresividad instrumental. También el trastorno bipolar y el trastorno límite de la personalidad (TLP).
  • Por otro lado, es importante hablar de los posibles desencadenantes biológicos. Trabajos de investigación como los realizados en el departamento de Psiquiatría de la facultad de Medicina del Mount Sinai, por ejemplo, nos aporta una teoría. Existen anomalías en hormonas como la testosterona y el cortisol, así como en neurotransmisores como la serotonina y la dopamina. Todo ello propiciaría una conducta con este tipo de tendencias.

Para concluir, esta exhibición de comportamientos planificados que buscan un objetivo concreto, pasando por encima los derechos básicos de los demás, es algo que sucede a diario. Hay muchos tipos de violencia y, tristemente, no siempre las vemos venir.

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