5 causas frecuentes de la falta de concentración y como mejorarla

5 causas frecuentes de la falta de concentración y como mejorarla

La capacidad para concentrarnos es una variable fundamental en nuestro día a día, o lo que es similar, la falta de concentración puede ser un auténtico problema.

Hay momentos en los cuales nos proponemos una tarea, empezamos a trabajar y sentimos cómo todas las ideas fluyen, nuestra mente se mantiene enfocada e incluso terminamos antes de lo esperado. En otras ocasiones, con la misma motivación, nuestra atención no parece comportarse de la misma manera. Nos cuesta mantener el enfoque, nos distraemos con facilidad, no avanzamos y terminamos el día sintiendo que hemos perdido el tiempo.

Cuando la falta de concentración aparece de manera ocasional, puede considerarse normal; en cambio, si se convierte en algo persistente, termina afectando no solo nuestra productividad, sino la motivación y nuestro sentimiento de autoeficacia. Así, en esta oportunidad veremos algunas de las causas de la falta de concentración.

Causas frecuentes de la falta de concentración

La concentración es esa capacidad para enfocar y mantener nuestra atención en una tarea concreta, mejorando con ello nuestro rendimiento, por ejemplo, en la resolución de problemas. Mantener la concentración durante tiempos muy prolongados (atención sostenida), en según qué momentos, puede requerir de nosotros un esfuerzo notable. Sin esta capacidad, realizar tareas de cierta complejidad resultaría imposible.

En este apartado, revisaremos algunas variables o factores habituales que pueden afectar nuestra capacidad de concentración, y a las que la mayoría podemos estar expuestos en alguna etapa de la vida.

Mujer cansada con antropofobia
Mantener altos niveles de concentración produce agotamiento, uno de las principales causas de la falta de concentración.

1. Agotamiento

A veces no nos damos cuenta, pero mantener la concentración consume mucha energía, y sostenerla por mucho tiempo puede resultar agotador.

Si en nuestro día a día tenemos que desempeñar tareas sucesivas de alta complejidad, sin pausas que permitan al cerebro y a los sentidos pequeños descansos, pronto nuestra energía dejará de ser suficiente y empezaremos a tener problemas para sostener la concentración.

También puede ocurrir que no tengamos una sobrecarga de tareas, pero no podamos descansar lo suficiente. Si por algún motivo no estamos logrando un sueño reparador, rápidamente llegaremos a un estado de agotamiento que afecte nuestra capacidad para concentrarnos.

2. Estrés

Problemas personales o laborales pueden aumentar el nivel de estrés más allá de un límite saludable, siendo la atención uno de los primeros procesos cognitivos en verse afectado.

Primero, porque hay un desgaste de los recursos emocionales que aumenta el malestar subjetivo y disminuye la motivación y segundo porque se generan pensamientos intrusivos relacionados con los problemas que interfieren cuando tratamos de concentrarnos en algo.

3. Malos hábitos alimenticios

¿Recuerdas cuando mencionamos que la concentración consume energía? Bueno, si no hay un suministro adecuado de energía para el organismo, el déficit se traducirá en una disminución de la capacidad para concentrarse. Desde la infancia se ha observado que una alimentación poco balanceada incide negativamente en la capacidad para concentrarse en clase, y esa afectación puede prolongarse hasta la adultez.

Como los malos hábitos alimenticios pueden acompañarnos desde la niñez, a veces no nos damos cuenta de sus efectos. Sin embargo, son un factor a tener en cuenta no solo por su incidencia directa en la capacidad de concentración, sino también porque con la edad nuestro metabolismo se hace más lento, lo cual hace que los efectos de una mala alimentación se acentúen.

4. Consumo de sustancias

No hay necesidad de ir tan lejos como un trastorno de consumo de sustancias, ni siquiera a sustancias psicoativas como tal. Muy relacionado con el punto anterior, hábitos relacionados al consumo de ciertas sustancias en particular pueden estar detrás de los problemas de concentración, incluso aunque no se haya llegado al grado de tener una adicción.

El consumo de alcohol y de drogas alucinógenas afectan directamente la capacidad de concentración mientras duran sus efectos. Pero cuando el consumo es sostenido puede dejar secuelas que persistan incluso después de que ya no quede rastro biológico de la sustancia en nuestro cuerpo.

Otro ejemplo de este punto está en el consumo de sustancias como el azúcar y la cafeína, que afectan el funcionamiento del cerebro.

El azúcar normalmente se asocia a un aumento de energía, mientras que la cafeína puede incluso mejorar por un tiempo corto la capacidad de concentración. El problema es que cuando los efectos pasan, podemos experimentar un bajón en nuestros procesos de atención. Esto se vuelve más peligroso cuando el consumo es constante, pues las alteraciones en el funcionamiento del cerebro se vuelven más estables.

5. El entorno

Un espacio de trabajo que constantemente nos exige atención y cambiar de tarea repetidamente. Relaciones laborales muy demandantes. Un ambiente lleno de estímulos distractores, como la televisión, el móvil o personas conversando cerca. Condiciones de luz y sonido que abruman y llaman la atención de nuestros sentidos una y otra vez. Estos son ejemplos de condiciones del entorno que afectan negativamente nuestra capacidad para concentrarnos.

Cuando tenemos que enfocar la atención en una tarea, el cerebro trabaja para ignorar estímulos irrelevantes y mantener la concentración en aquel desafío que hay que resolver. El problema viene cuando las exigencias del entorno son tan intensas o persistentes que obligan a nuestro cerebro a prestarles atención, rompiendo la concentración y obligándonos a empezar de nuevo vez tras vez.

Hombre preocupado trabajando
Un entorno laboral estresante y exigente implica falta de concentración a largo plazo.

Cómo mejorar nuestra concentración

Realizar actividades de ocio que requieran una concentración sostenida es una buena forma de entrenarla. La lectura, la escritura, los deportes, las actividades artísticas e incluso los videojuegos involucran tareas que requieren una atención activa para su ejecución.

Si por tu parte has detectado una o varias de las causas de problemas de concentración que vimos antes, puedes poner en práctica algunos consejos para mejorar:

  • Organiza tus hábitos de descanso. En el día toma pausas activas y en la noche duerme lo suficiente en buenas condiciones.
  • Sigue un plan de dieta mejor balanceado, y deja las comidas poco nutritivas para muy de vez en cuando.
  • Regula el consumo de determinadas sustancias, como alcohol, café y azúcar; que sea ocasional, y no parte de tu rutina diaria.
  • Organiza tus espacios de trabajo y establece cronogramas de trabajo. Dedica a cada tarea el tiempo necesario, ni más ni menos.
  • Gestiona relaciones saludables e identifica lo que te causa estrés para darle un manejo adaptativo.
  • Investiga y practica la atención plena, mindfulnesspara mejorar la forma en la que administras la atención.

Si detectas que tus problemas de concentración persisten a pesar de tus esfuerzos por mejorar, puedes buscar ayuda de un profesional en salud mental para evaluar si las causas están relacionadas con un trastorno más complejo.

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